Historia

Anna Pavlova, prima ballerina eterna

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Sábado 29 de agosto de 2026

Anna Pavlova era tan famosa que terminaron poniendo su nombre a poemas, esculturas, y a uno de los postres más famosos del planeta, hasta influyó en bailes mexicanos.

Fue la primera bailarina que llevó el ballet a todo el planeta y por eso su nombre se volvió conocido en lugares donde nadie había visto danza occidental.

Nació en San Petersburgo en 1881 y, curiosamente, su cuerpo no encajaba con el ideal de bailarina de la época.

Era extremadamente delgada, parecía frágil y no tenía la fuerza física que muchos maestros buscaban.

A los nueve años la rechazaron en la Escuela Imperial de Ballet por enfermiza; la aceptaron a los diez, en 1891.

Sus compañeras la apodaban «la escoba» por sus tobillos delgadísimos y sus pies exageradamente arqueados.

Se graduó en 1899 a los 18 años, entró un rango por encima del cuerpo de baile, y llegó a prima ballerina en 1906.

En 1905 Michel Fokine creó para ella «La muerte del cisne», sobre la pieza de Saint-Saëns: dos minutos que la volvieron inmortal, es una de las piezas más reconocibles de la historia del ballet.

Rechazó protagonizar «El pájaro de fuego» porque odiaba la música de Stravinski.

Cuando Pavlova aparecía en el escenario daba la impresión de no pesar nada. Sus saltos parecían flotar y sus brazos se movían como alas.

Fundó su propia compañía de ballet e hizo un gira mundial durante 20 años, hasta el día de su muerte: Sudamérica, India, México, China, Australia, presentándose ante públicos que, en muchos casos, jamás habían visto ballet.

Entre 1912 y 1926 recorrió Estados Unidos casi cada año de costa a costa, y se dijo que gracias a ella una generación entera de bailarines se dedicó al arte.

En 1914, en San Luis, Misuri, la contrataron a última hora para dos noches: gastos de 5,500 dólares, ingresos de 7,500, ganancia limpia de 2,000 (unos 65 mil dólares de hoy).

La preventa fue la más alta de cualquier ciudad del país, en una plaza a la que llamaban «el peor pueblo para el espectáculo».

Los empresarios de Nueva York mandaron cuatro agentes de emergencia; al ver la taquilla, se regresaron callados.

Pero esa vida prácticamente sin descanso terminó teniendo un final dramático.

En enero de 1931, durante un viaje por Europa, quedó expuesta durante horas a un frío intenso después de un problema ferroviario cerca de Dijon, Francia. Poco después desarrolló neumonía y pleuresía.

Los médicos le propusieron una operación que podía salvarla, pero probablemente terminaría para siempre con su carrera.

Pavlova se negó.

Murió el 23 de enero de 1931, con solo 49 años, en La Haya.

Según una de las versiones más famosas sobre sus últimos momentos, pidió: “Preparen mi traje de cisne”.

La mujer que parecía volar sobre el escenario murió pensando en el papel que la había hecho inmortal.

Anna Pavlova no solo bailó ballet.

Hizo que millones de personas creyeran que un ser humano podía volar.

Reforzó sus zapatillas con cuero duro y aplanó la punta, invento que muchos llamaron trampa y que hoy es el antecedente de la zapatilla moderna.

El postre pavlova lleva su nombre. En 1952 un botánico bautizó un género de algas como Pavlova porque su movimiento parecía baile.

En México puso en escena el jarabe tapatío en puntas y el público la cubrió de sombreros; en 1924 fue proclamado danza nacional. Hay al menos cinco memoriales suyos solo en Londres.

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