Internacional

Von der Leyen/Blackrock quieren robar los ahorros de los europeos

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Sábado 29 de agosto de 2026

Confirmado: Von der Leyen pone ahora en el punto de mira los billones de los ahorradores europeos, y el proceso debe ser muy rápido

*uncut-news.ch | 28 de agosto de 2026

Ursula von der Leyen ha descubierto un nuevo depósito de financiación: el dinero de los ciudadanos europeos.

Alrededor de diez billones de euros siguen todavía en cuentas bancarias, declaró la presidenta de la Comisión Europea el 27 de agosto de 2026.

Estos ahorros serían «inactivos» y, además, una parte considerable del capital europeo se invierte fuera del continente.

Por ello, Europa debe hacer que este dinero «trabaje más para sus empresas».

Detrás de la amable denominación *Savings and Investments Union* (Unión de Ahorros e Inversiones) se esconde un giro político notable.

Se pretende movilizar hasta 470.000 millones de euros en inversiones adicionales mediante nuevas reglas para bancos, aseguradoras, titulizaciones y mercados de capitales más integrados.

Por ahora se habla de voluntariedad. Pero ¿por qué Bruselas se interesa tan intensamente por los billones de los ciudadanos precisamente ahora?

Lo llamativo no es solo el objetivo, sino también el ritmo. Von der Leyen quiere sacar adelante los pasos decisivos antes de finales de 2026.

Exige un acuerdo, a ser posible de los 27 Estados miembros, al tiempo que deja claro que, de lo contrario, saldrán adelante aquellos países «que estén dispuestos». 

La propia Unión Europea habla ya de «urgencia» respecto a la *Savings and Investments Union*.

¿A qué se debe esta prisa? Una explicación coherente la ofrece la enorme necesidad de capital de Europa: el rearme, el apoyo a Ucrania, la política industrial y la transformación verde y digital consumen sumas gigantescas, mientras que los presupuestos públicos de muchos Estados miembros ya están fuertemente endeudados.

Al mismo tiempo, la Comisión declara expresamente que el capital privado también debe movilizarse para la industria de la defensa.

Por eso mismo, la prisa de Von der Leyen cobra un matiz político explosivo: si los diez billones de euros de los ahorradores europeos solo buscan obtener mejores oportunidades de rentabilidad a largo plazo, ¿por qué el rumbo político debe fijarse de repente en 2026 e incluso, si es necesario, sin el consenso de todos los países de la Unión Europea?

La respuesta es en parte evidente: Europa necesita sumas enormes de dinero. Muchos Estados miembros están profundamente endeudados, el crecimiento se debilita y, al mismo tiempo, la reestructuración de la economía absorbe cientos de miles de millones.

Pero, sobre todo, Europa se está rearmando a una escala no vista en décadas. Con *ReArm Europe* o *Readiness 2030*, se pretende movilizar hasta 800.000 millones de euros para la defensa. Se destinan además otros miles de millones a Ucrania.

Y aquí es donde el asunto se vuelve crítico: la Comisión Europea afirma expresamente que la *Savings and Investments Union* debe acelerarse para movilizar capital privado hacia la industria de defensa.

Por lo tanto, la relación entre los ahorros de los ciudadanos y el rearme de Europa no es una especulación, sino parte de la estrategia oficial.

Mientras los políticos hablan de «seguridad» y «autonomía estratégica», se crea paralelamente un mercado gigantesco para consorcios de armamento, bancos y gestores de patrimonio.

Unos obtienen contratos multimillonarios y nuevas vías de financiación, mientras que a otros se les pide invertir su dinero, supuestamente «inactivo», asumiendo ellos mismos el riesgo.

Quien traspasa su saldo bancario protegido hacia acciones, fondos u otros productos del mercado de capitales no tiene ninguna garantía de recuperar la totalidad del capital invertido.

Más interesante aún resulta la queja de Von der Leyen sobre el hecho de que los ahorros europeos se inviertan fuera de Europa.

Tal vez Bruselas debería preguntarse primero por qué los inversores prefieren colocar su capital en EE. UU. o en Asia.

El capital fluye hacia donde la gente prevé crecimiento, innovación y rentabilidad. Si China y otros mercados asiáticos son más rápidos, económicos e innovadores en sectores clave, mientras que Europa carga a sus empresas con altos costes energéticos, burocracia y regulaciones, el problema no se resuelve intentando redirigir políticamente el dinero de los ciudadanos de vuelta a Europa.

En esto reside el verdadero escándalo de este debate: en lugar de hacer que Europa sea lo suficientemente atractiva como para que el capital regrese voluntariamente, se debate sobre cómo «movilizar» los ahorros existentes.

Hoy se hace a través de productos financieros voluntarios e incentivos; sin embargo, la política fiscal, los sistemas de pensiones, los privilegios regulatorios y los productos financieros subvencionados por el Estado ofrecen herramientas suficientes para encauzar más adelante los flujos de capital hacia las direcciones deseadas por la política.

Tener desconfianza no es en absoluto algo irracional. Precisamente la Comisión de Von der Leyen pide confianza después de no haber podido revelar con transparencia su comunicación con el CEO de Pfizer, Albert Bourla, referente a acuerdos multimillonarios sobre vacunas, motivo por el cual la Comisión perdió en 2025 ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Al mismo tiempo, Bruselas figura entre los mayores centros de cabildeo de Europa, mientras la UE sigue ampliando sus capacidades para rastrear cuentas, flujos financieros y activos.

Esto no demuestra que haya un plan para expropiar a los ahorradores. Sin embargo, en conjunto se dibuja un panorama que debería mantener alerta a los ciudadanos: Europa necesita sumas gigantescas para el rearme, Ucrania y los programas de transformación política; los fondos públicos no son suficientes y, de repente, Bruselas descubre diez billones de euros en las cuentas de sus ciudadanos.

Pero tal vez esos ahorros no estén «inactivos» en absoluto. Quizá pertenezcan simplemente a personas que desean decidir por sí mismas dónde y para qué trabaja su dinero.

Por otra parte, el máximo dirigente de BlackRock lleva mucho tiempo exigiendo esto. Merz y Von der Leyen son sus patéticos vasallos.

Por cierto, Larry Fink pertenece al `pueblo elegido´.

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