Historia

Olga de Kiev, una de las mujeres más despiadadas de la historia

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Martes 20 de octubre de 2026

Olga de Kiev fue una de las mujeres más temidas de la Rus medieval, y su venganza se volvió tan legendaria que, con el tiempo, la historia y la leyenda terminaron mezclándose.

En el año 945, su esposo, el príncipe Ígor, fue asesinado por los drevlianos, una tribu vecina que se había rebelado contra su autoridad.

La Crónica Primaria cuenta que lo ataron a dos árboles doblados y, al soltarlos, los troncos lo despedazaron.

Los drevlianos pensaron que Olga quedaría debilitada después de perder a su esposo, pero cometieron un grave error.

Creyeron que podían aprovechar la situación y enviaron veinte hombres para pedirle que se casara con su príncipe Mal.

Olga fingió aceptar la propuesta y les pidió que regresaran en su embarcación para recibirlos con todos los honores. Cuando llegaron, sus hombres los llevaron hasta una fosa que Olga había mandado preparar y los enterraron vivos junto con su barco.

Después llegó una segunda delegación, esta vez formada por hombres importantes. Olga volvió a recibirlos amablemente y les ofreció un baño antes de hablar sobre el matrimonio. Cuando estuvieron dentro, sus hombres cerraron las puertas y Olga ordenó incendiar el lugar.

Pero todavía faltaba la parte más brutal de su venganza.

Olga viajó hasta el territorio de los drevlianos y organizó un funeral por Ígor. Durante el banquete, los drevlianos bebieron hasta quedar ebrios y, cuando llegó la señal, los hombres de Olga atacaron. Según la Crónica Primaria, alrededor de 5,000 murieron aquella noche.

Después, Olga llevó su ejército contra Iskorosten, la ciudad donde habían asesinado a su esposo, y la mantuvo bajo asedio durante un año.

Cuando los habitantes finalmente aceptaron pagar tributo, Olga les pidió algo que parecía completamente inofensivo: tres palomas y tres gorriones de cada casa.

Los habitantes se los entregaron, sin imaginar lo que Olga había planeado. Ordenó atar pequeños paquetes de azufre encendido a las aves y soltarlas.

Según la Crónica Primaria, los pájaros regresaron a sus nidos y el fuego comenzó a extenderse por toda la ciudad.

La escena parece casi imposible de creer: las mismas aves que habían salido de las casas regresaron llevando el fuego hasta ellas.

Y lo más extraño es que la historia de Olga no terminó con aquella venganza.

Después de someter a los drevlianos, reorganizó el territorio con nuevos sistemas de tributo, rutas comerciales, centros administrativos y puestos fronterizos. Los pogosti también se convirtieron en lugares importantes para el comercio y el gobierno.

Décadas después, Olga viajó a Constantinopla y entró en contacto con el cristianismo. La Crónica Primaria afirma que fue bautizada y tomó el nombre de Elena, aunque las fuentes no coinciden completamente sobre cuándo ocurrió su conversión.

Cuando regresó a Kyiv, intentó convencer a su hijo Sviatoslav de convertirse, pero él se negó. Aun así, Olga siguió apoyando el cristianismo y promoviendo la construcción de iglesias.

Y aquí está la parte que explica por qué, siglos después, esa misma mujer terminó siendo venerada como santa.

Olga fue una de las primeras gobernantes de la Rus en abrazar el cristianismo y dedicó el resto de su vida a intentar extenderlo.

Aunque no consiguió convertir a su hijo, crió a su nieto Vladimir dentro de esa tradición cristiana y dejó una influencia que continuó después de su muerte.

En 988, Vladimir el Grande hizo oficial el cristianismo en la Rus.

Por eso, cuando la Iglesia Ortodoxa Rusa canonizó a Olga en 1547, no la estaba recordando únicamente por su vida personal.

Su importancia estaba también en haber ayudado a abrir el camino hacia la transformación religiosa que finalmente cambiaría la Rus.

Por ese papel recibió un título reservado para figuras consideradas especialmente importantes en la expansión de la fe: “Igual a los Apóstoles”.

Y ahí está la contradicción que hace que su historia sea tan difícil de olvidar.

La misma mujer cuya venganza, según la Crónica Primaria, terminó con una ciudad en llamas terminó siendo venerada como santa por su papel en la expansión del cristianismo.

Su historia comienza con una viuda que respondió al asesinato de su esposo con una venganza extraordinaria y termina con una mujer cuyo legado religioso ayudó a cambiar el futuro de Rusia.

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