Historia

El mito de Don Porfirio y el Grito

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Jueves 17 de septiembre de 2026

Juran que Don Porfirio movió el Grito del 16 a la noche del 15, nada más para festejar su cumpleaños.

La verdad es que eso es puro chisme, pues los documentos dicen otra cosa.

Para cuando Díaz se acomodó en la silla presidencial, la verbena del 15 ya era costumbre popular.

Lo que hizo no fue inventar la fecha, sino entender la fuerza del espectáculo. ​

El golpe maestro llegó en 1896, cuando mandó traer la campana original desde Dolores, Guanajuato, hasta Palacio Nacional.

No fue una mudanza cualquiera: armó una procesión con tropas, bandas de guerra y multitudes en las calles que escoltaron el bronce hasta el Zócalo.

El 14 de septiembre entró a la plaza; el 15 ya colgaba del balcón central.

A partir de esa noche el mito se volvió liturgia de Estado: el presidente asomado, la bandera en las manos, el repique metálico y el rugido de la plaza abajo.

El cura Hidalgo dio un llamado desesperado de madrugada en un pueblo de provincia; Porfirio Díaz lo transformó en una coreografía republicana diseñada para apuntalar el poder central.

Así que no, Díaz no cambió la fecha por vanidad de cumpleaños. Hizo algo más duradero: montó el ritual cívico que todo presidente mexicano, sin importar el partido ni el siglo, sigue repitiendo al pie de la letra.

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