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Tommy Hearns y su anestesiante pegada

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Jueves 17 de septiembre de 2026

Roberto Durán cayó tres veces en apenas cuatro minutos y siete segundos. El último golpe fue un derechazo de Thomas Hearns.

Durán cayó de frente sobre la lona y el árbitro ni siquiera necesitó completar una cuenta.

Era el 15 de junio de 1984, en Caesars Palace, Las Vegas. Durán había construido su carrera peleando cerca, entrando en la distancia del rival y convirtiendo cada intercambio en una batalla.

Contra Hearns, acercarse era precisamente el problema.

Thomas Hearns medía alrededor de 1,85 metros y tenía un alcance cercano a 1,98. Para un boxeador que había comenzado su carrera profesional como peso wélter, aquellas dimensiones eran poco comunes.

Pero sus brazos largos por sí solos no explicaban lo que ocurría. Hearns sabía utilizarlos.

Su jab obligaba al adversario a trabajar desde una zona incómoda. Mientras el otro todavía intentaba reducir la distancia, Hearns ya podía tocarlo. Y detrás del jab esperaba la derecha.

Cuatro años antes, Pipino Cuevas había descubierto hasta dónde podía llegar. El 2 de agosto de 1980, Cuevas subió al ring del Joe Louis Arena de Detroit como campeón wélter de la AMB. Llevaba cuatro años con el título y era uno de los pegadores más temidos de la división.

Hearns tenía 21 años, estaba invicto en 28 combates y había ganado 26 por nocaut. Desde el comienzo mantuvo a Cuevas lejos con el jab. En el segundo asalto apareció la derecha. Cuevas cayó de bruces.

Consiguió levantarse, pero sus piernas no respondían con normalidad. Su entrenador entró al cuadrilátero y el combate terminó a los 2 minutos y 39 segundos del segundo asalto. Hearns era campeón mundial.

Cuatro años después, Durán representaba una prueba todavía mayor. En el primer asalto Hearns lo derribó dos veces. Durán llegó a la campana desorientado y tuvo que ser conducido hacia su esquina.

El segundo asalto apenas había comenzado cuando Hearns volvió a establecer la distancia. Entonces lanzó la derecha. Durán cayó de frente en el centro del ring.

Carlos Padilla detuvo inmediatamente el combate a 1:07 del segundo asalto.

La anterior derrota de Durán ante Sugar Ray Leonard había terminado cuando el panameño abandonó la pelea. Esta vez había sido derribado por un golpe que terminó el combate de manera contundente.

Hearns seguiría subiendo de peso. En 1987 derrotó a Juan Domingo Roldán y se convirtió en el primer boxeador de la historia en conquistar campeonatos mundiales en cuatro divisiones.

Un año después venció a James Kinchen por el título supermediano de la OMB y se convirtió también en el primero en lograrlo en cinco.

Terminó compitiendo desde el peso wélter hasta el Roberto Durán cayó tres veces en apenas cuatro minutos y siete segundos.

El último golpe fue un derechazo de Thomas Hearns.

Durán cayó de frente sobre la lona y el árbitro ni siquiera necesitó completar una cuenta.

Era el 15 de junio de 1984, en Caesars Palace, Las Vegas. Durán había construido su carrera peleando cerca, entrando en la distancia del rival y convirtiendo cada intercambio en una batalla.

Contra Hearns, acercarse era precisamente el problema.

Thomas Hearns medía alrededor de 1,85 metros y tenía un alcance cercano a 1,98. Para un boxeador que había comenzado su carrera profesional como peso wélter, aquellas dimensiones eran poco comunes.

Pero sus brazos largos por sí solos no explicaban lo que ocurría.

Hearns sabía utilizarlos.

Su jab obligaba al adversario a trabajar desde una zona incómoda. Mientras el otro todavía intentaba reducir la distancia, Hearns ya podía tocarlo.

Y detrás del jab esperaba la derecha.

Cuatro años antes, Pipino Cuevas había descubierto hasta dónde podía llegar.

El 2 de agosto de 1980, Cuevas subió al ring del Joe Louis Arena de Detroit como campeón wélter de la AMB. Llevaba cuatro años con el título y era uno de los pegadores más temidos de la división.

Hearns tenía 21 años, estaba invicto en 28 combates y había ganado 26 por nocaut.

Desde el comienzo mantuvo a Cuevas lejos con el jab.

En el segundo asalto apareció la derecha.

Cuevas cayó de bruces.

Consiguió levantarse, pero sus piernas no respondían con normalidad. Su entrenador entró al cuadrilátero y el combate terminó a los 2 minutos y 39 segundos del segundo asalto.

Hearns era campeón mundial.

Cuatro años después, Durán representaba una prueba todavía mayor.

En el primer asalto Hearns lo derribó dos veces.

Durán llegó a la campana desorientado y tuvo que ser conducido hacia su esquina.

El segundo asalto apenas había comenzado cuando Hearns volvió a establecer la distancia.

Entonces lanzó la derecha.

Durán cayó de frente en el centro del ring.

Carlos Padilla detuvo inmediatamente el combate a 1:07 del segundo asalto. La anterior derrota de Durán ante Sugar Ray Leonard había terminado cuando el panameño abandonó la pelea. Esta vez había sido derribado por un golpe que terminó el combate de manera contundente.

Hearns seguiría subiendo de peso.

En 1987 derrotó a Juan Domingo Roldán y se convirtió en el primer boxeador de la historia en conquistar campeonatos mundiales en cuatro divisiones. Un año después venció a James Kinchen por el título supermediano de la OMB y se convirtió también en el primero en lograrlo en cinco. Terminó compitiendo desde el peso wélter hasta el crucero.

En 2003, The Ring lo colocó en el puesto 18 de su lista de los 100 mayores pegadores de la historia.

Pero las imágenes contra Cuevas y Durán explican mejor que cualquier clasificación qué hacía diferente a Thomas Hearns. Ambos intentaban llegar hasta él. Hearns ya estaba lo suficientemente cerca.

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