El extraño fin de Atila


Martes 4 de agosto de 2026
Atila gobernó a los hunos entre el 434 y el 453, tras deshacerse de su hermano y corregente Bleda en el 444 o 445, y convirtió el miedo en un negocio.
El emperador Teodosio II le pagaba 350 libras de oro al año solo para que no atacara; en el 442 la cifra subió a 1.000 libras, y cuando en el 447 Roma se negó a pagar, Atila arrasó los Balcanes hasta que el emperador capituló, cubrió los atrasos y aceptó entregarle 2.100 libras de oro anuales.
Su imperio se extendió del Báltico a los Balcanes y del Rin al mar Negro, aunque en realidad era una coalición de tribus.
Desde su base en el sur de Hungría lanzó cuatro grandes campañas y prohibió que cualquier huno se estableciera en territorio romano o sirviera en su ejército.
Prisco, enviado de Constantinopla, contó que en sus banquetes los embajadores comían en platos de plata y bebían en copas de oro, mientras Atila comía carne sobre una tabla de madera y bebía de un vaso también de madera: puro teatro del poder.
En el 451 cruzó el Rin con un ejército enorme usando como excusa a Honoria, hermana del emperador Valentiniano III, que le había enviado su anillo pidiendo auxilio; Atila llegó a exigir medio imperio como dote.
El 20 de junio del 451 fue derrotado en los Campos Cataláunicos, cerca de Troyes: Jordanes asegura que murieron más de 160.000 hombres y que los ríos bajaban cargados de sangre.
Aecio, el general romano que se había criado como rehén entre los hunos, lo dejó escapar.
Al año siguiente invadió el norte de Italia, destruyó Aquilea y tomó una docena de ciudades del valle del Po, pero el hambre y la peste lo obligaron a retirarse tras su célebre encuentro con el papa León.
En el 453 se casó con Ildico, probablemente una princesa germana. Esa misma noche sufrió una hemorragia y sus sirvientes lo encontraron muerto al amanecer, ahogado en su propia sangre, con la joven llorando a su lado.
Se habló de borrachera, de un ataque al corazón y también de asesinato. Lo enterraron en secreto y, según las fuentes, mataron a los sepultureros para que nadie hallara el lugar.
Su imperio se desintegró en pocos años y su tumba jamás ha aparecido.

