Historia

En memoria de un valiente: Alejo Garza Tamez

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Jueves 24 de septiembre de 2026

La mañana del 13 de noviembre de 2010, hombres armados llegaron al rancho San José, en Tamaulipas, y le dieron a su propietario una orden sencilla: tenía 24 horas para abandonar la propiedad.

Alejo Garza Támez tenía 77 años. No se fue.

Aquello ocurrió en uno de los momentos más violentos que había vivido Tamaulipas. Los Zetas y el Cártel del Golfo estaban enfrentados por el control del estado. Secuestros, extorsiones y despojos de propiedades habían obligado a familias enteras a marcharse.

Solo en la zona central de Tamaulipas, funcionarios federales calculaban entonces que miles de ranchos habían quedado abandonados.

San José podía convertirse en uno más. Alejo reunió a sus trabajadores. No les pidió que pelearan. Les dijo que al día siguiente no fueran al rancho. Él se quedaría solo.

Era empresario maderero y llevaba años practicando la caza. Conocía sus armas y conocía la casa.

Durante aquel sábado distribuyó rifles y municiones junto a diferentes puertas y ventanas. De esa manera podría desplazarse entre distintos puntos sin cargar todo consigo. Después esperó.

Poco después de las cuatro de la madrugada del 14 de noviembre comenzaron a escucharse motores. Varias camionetas entraron en la propiedad.

Los hombres bajaron armados. La reconstrucción publicada días después señaló que dispararon al aire y anunciaron que venían a tomar posesión del rancho.

Alejo respondió desde la casa. Comenzó un enfrentamiento desigual.

Desde fuera disparaban armas largas contra las paredes y ventanas. Después aparecieron las granadas.

Desde dentro, un solo hombre cambiaba de posición y utilizaba las armas que había dejado preparadas. La cantidad de fuego hizo creer a los atacantes que había varias personas respondiendo. No era así.

Cuando finalmente se retiraron, dejaron atrás a seis compañeros. Cuatro estaban muertos. Dos seguían vivos, gravemente heridos.

Horas después llegaron infantes de la Marina. La casa estaba cubierta de impactos de bala y daños provocados por explosiones. Había casquillos junto a diferentes ventanas y puertas.

En el exterior encontraron los cuatro cuerpos y a los dos hombres heridos. Dentro encontraron a una sola persona. Alejo Garza Támez estaba muerto. Tenía dos armas junto a él.

La inspección permitió reconstruir lo que había hecho durante la noche: había preparado diferentes posiciones de tiro y se había desplazado entre ellas mientras el grupo atacaba la casa.

Los hombres que fueron a quedarse con San José huyeron sin ocuparlo.

La historia comenzó a conocerse fuera de Tamaulipas varios días después. Para entonces ya existía una pregunta inevitable.

¿Por qué un hombre de 77 años había decidido quedarse cuando miles de propietarios de la región estaban siendo obligados a abandonar sus tierras?

Alejo nunca pudo responderla públicamente. Solo dejó una decisión.

Cuando llegaron a decirle que tenía 24 horas para entregar el lugar que había comprado y cuidado durante décadas, mandó a sus trabajadores a casa. Y él se quedó.

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