Historia

Cómo logró Alejandro Magno sofocar un motín con un discurso

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Miércoles 28 de octubre de 2026

No suplicó ni negoció. Humilló a sus soldados recordándoles que antes eran pastores vestidos con pieles, les mostró sus cicatrices, les dio permiso de irse todos y entregó su ejército a los persas recién conquistados. En tres días, los rebeldes lloraban a sus puertas.

Ocurrió en Opis (una antigua ciudad en Babilonia), junto al río Tigris, en el 324 a. C. Alejandro quiso licenciar a los heridos y a los ancianos.

Los macedonios, resentidos por los 30,000 jóvenes persas entrenados al estilo macedonio, exigieron irse todos y se burlaron de él: que siguiera la guerra con su “padre” Amón (era el dios principal de Egipto, el rey de los dioses, a quien los griegos identificaban con Zeus y llamaban Zeus-Amón).

Alejandro mandó ejecutar en el acto a 13 cabecillas. Luego habló. Empezó hablando de su padre, Filipo II, que los encontró antes de que fueran soldados, cuidando unas pocas ovejas en el monte.

Filipo los hizo amos de ciudades, de las minas de Tracia y de los tesalios que antes los aterraban, y Atenas y Tebas acabaron dependiendo de Macedonia.

Pero eso era poco frente a lo que él mismo les había dado: Jonia, Lidia, Egipto, Siria, Babilonia, el oro persa y las joyas de la India.

Les preguntó qué había guardado para sí aparte de un manto púrpura y una diadema, y respondió que nada. Comía lo mismo que ellos y velaba para que durmieran.

Los retó a desnudarse y comparar heridas, porque no tenía una sola parte del frente del cuerpo sin cicatrices de espada, flecha, piedra o maza.

Además había pagado sus deudas, unos 20,000 talentos según Arriano, sin preguntar cómo las habían contraído.

En lugar de rogarles que se quedaran, les ordenó que se fueran todos, pero que contaran en casa que habían abandonado al rey que cruzó el Hindu Kush, el Oxus y el Indus, que atravesó el desierto de Gedrosia y que habría pasado el Hífasis si ellos no se hubieran acobardado. Que lo dejaron bajo la protección de los extranjeros que ellos mismos habían vencido.

Después se encerró tres días. Al tercero dio mandos a nobles persas y puso nombres macedonios a regimientos persas.

Los veteranos tiraron sus armas ante el palacio y suplicaron perdón. Alejandro los llamó a todos parientes, ofreció un banquete para 9,000 invitados y despidió a 10,000 veteranos con un talento extra para cada uno. Moriría apenas un año después.

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