Religión

LA HISTORIA DEL PERRO, EL GATO Y EL RATÓN DE SAN MARTÍN DE PORRES

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Miércoles 28 de octubre de 2026

¿Conoces la historia que hay detrás de esta singular representación de san Martín de Porres? Más allá de figurar en la obra Florecillas de San Martín, relata el episodio el Cronista Ricardo Palma en su libro Tradiciones Peruanas.

Ocurrió una vez que en el sótano de la enfermería del convento, buscaron refugio temporalmente una gata y una perrita para dar a luz a sus crías.

A Martín le pareció que los dos animalitos, al no decidirse a alejarse ni siquiera un instante de sus pequeñas crías, pasarían hambre.

Desde entonces, todos los días llevó al sótano un plato de sopa. Un solo plato para las dos. Al dejarlo en el suelo, decía:

—Venid a comer, calladito, y no discutáis.

Después, le agradaba contemplar los dos hocicos zambullidos en la sopa, que desaparecía al momento.

Un día, el olor de la comida hizo aparecer a un ratón. Salió de su escondrijo y se quedó mirando desde lejos.

También a él le habría agradado tomar parte en el banquete, pero ¿qué no pensarían los otros dos animalitos, enemigos jurados de los de su especie?

Como no podía pensar en acercarse a la sopa, se le ocurrió al ratón que, mientras las dos mamás estaban engolfadas en su comida, podría vengarse en una de las crías de cualquiera de las dos nidadas.

Martín vio brillar los ojuelos ávidos en el oscuro fondo del sótano e intuyó la tentación del ratón.

Lo llamó con su voz tranquila y convincente:

—Hermano, no molestes a los pequeñitos. Si tienes hambre, ven aquí y come sin agitarte tanto, y después vete en paz.

Entonces, el ratón se acercó al plato y metió en él su hocico, mientras los otros dos hocicos continuaban engullendo la sopa, sin siquiera advertir la presencia del nuevo comensal.

Así continuaron amistosa y armónicamente durante un buen rato. Martín tuvo tiempo de ir a llamar a fray Fernando, quien pudo bajar y gozar de tan singular espectáculo. Era, realmente, una cosa que merecía verse.

Fray Fernando quedó tan asombrado ante aquel espectáculo que, veinte años después de la muerte del santo, podía referirlo con toda clase de detalles, como si lo hubiese visto el día anterior.

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