Historia

Cinco dictadores que fueron ejecutados por televisión en vivo

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Lunes 26 de octubre de 2026

Caso 1: El 25 de diciembre de 1989, tras 24 años gobernando Rumania con una de las policías secretas más temidas, Nicolae Ceaușescu y su esposa Elena fueron juzgados dentro de una base militar en Târgoviște.

El proceso duró menos de una hora: genocidio, sabotaje económico y fuga con miles de millones robados.

A las 2:50 pm, ocho paracaidistas abrieron fuego tan rápido que las cámaras solo alcanzaron a grabar las últimas ráfagas.

Ceaușescu cantaba La Internacional cuando cayó. Un año después, el juez que dictó la sentencia apareció muerto.

Caso 2: Samuel Doe tomó Liberia en 1980, a los 28 años, matando al presidente Tolbert y fusilando a 13 ministros en una playa.

Diez años después, el 9 de septiembre de 1990, cayó en una emboscada de Prince Johnson, que mandó filmar más de 12 horas de tortura mientras bebía cerveza sentado a su lado. El video se transmitió en la televisión nacional como trofeo de victoria.

Caso 3: Muamar Gadafi mandó 42 años en Libia y fue acusado del atentado de Lockerbie en 1988, con 270 muertos.

El 20 de octubre de 2011, un misil francés destrozó su convoy en Sirte y terminó escondido en una alcantarilla.

Los rebeldes lo grabaron con celulares mientras suplicaba. Su cuerpo quedó días en una cámara frigorífica en Misrata, con filas de libios para verlo.

Caso 4: Saddam Hussein llegó a la presidencia de Irak en 1979 purgando a sus propios aliados en plena reunión del partido.

Provocó ocho años de guerra con Irán con más de un millón de muertos y gaseó Halabja en 1988.

Fue ahorcado el 30 de diciembre de 2006, primer día del Eid al-Adha, condenado por la matanza de 148 hombres y niños en Dujail.

Un celular filmó todo y el video dio la vuelta al mundo en horas.

Caso 5: Benito Mussolini gobernó Italia desde 1922 y cayó el 28 de abril de 1945 cerca del lago Como, capturado con un abrigo robado de la Luftwaffe.

No hubo tribunal ni defensa: la autopsia contó entre siete y nueve balazos.

Lo que el mundo vio vino después. Su cadáver y el de Claretta Petacci fueron llevados a Piazzale Loreto, en Milán, pateados y escupidos por la multitud, y colgados boca abajo de una viga sobre una gasolinera.

Esas fotos y filmaciones se volvieron de las imágenes más infames del siglo.

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