Historia

Los vuelos de la muerte

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Miércoles 26 de agosto de 2026

Entre 1972 y 1981 ocurrieron los vuelos de la muerte en México: los militares hicieron desaparecer a sus víctimas en el mar por órdenes del gobierno del PRI.

El punto de partida era la Base Aérea Militar número 7 de Pie de la Cuesta, en Acapulco, y el vehículo, un avión IAI Arava 201 con matrícula 2005 de la Fuerza Aérea Mexicana, al que le retiraron la puerta lateral derecha para facilitar las maniobras.

A los detenidos se les ejecutaba de un disparo en la nuca con una pistola calibre 380 con silenciador que los propios militares apodaron «la espada justiciera».

Después les colocaban una bolsa de plástico en la cabeza para contener la sangre, metían los cuerpos en costales de yute con piedras, los cosían y los llevaban en carretilla hasta la aeronave, en grupos de ocho a quince.

El avión se adentraba unas 50 millas, descendía a 500 pies y reducía a 115 o 120 nudos: ese era el momento de arrojarlos.

Se hacían hasta tres vuelos por noche, entre las 10 de la noche y las 6 de la mañana.

El mecánico militar Margarito Monroy Candía declaró que participó en 15 viajes cargando unos 120 cadáveres y admitió algo peor: en ocasiones los costales todavía se movían. Había personas arrojadas vivas al Pacífico.

Los nombres detrás de la operación se repiten en los expedientes: Hermenegildo Cuenca Díaz, Mario Arturo Acosta Chaparro, Francisco Quirós Hermosillo, Alfredo Mendiola, Alberto Aguirre Quintanar y Humberto Rodríguez Acosta.

La Comisión de la Verdad de Guerrero calculó unas 1,500 personas asesinadas y desaparecidas con este método; un informe oficial habla de 30 vuelos entre 1975 y 1979; los archivos del Comité Eureka registran 183 nombres en 25 vuelos, la llamada Lista Apresa, entregada en una carta fechada el 26 de mayo de 2004 a Rosario Ibarra de Piedra.

Las víctimas eran campesinos, maestros, estudiantes, médicos y militantes del Partido de los Pobres.

En 2002 un tribunal militar acusó a Acosta Chaparro de asesinar y arrojar al mar al menos a 143 personas.

Nunca fue condenado en firme, se retiró con honores y murió en 2012 de tres balazos en la cabeza a manos de sicarios.

Medio siglo después no existe una sola sentencia por estos hechos.

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