Un milagro de San Pío X


Domingo 23 de agosto de 2026
Durante una de las audiencias públicas que san Pío X solía conceder, se encontraba presente un hombre que tenía un brazo completamente paralizado.
En vano había recurrido a los auxilios de la ciencia médica; en vano había acudido también a Lourdes en busca de la salud. Finalmente, conservó la esperanza de ser curado por Pío X.
Cuando el Pontífice llegó cerca de él, el hombre se dirigió con fe al Santo Padre y, mostrándole su brazo inerte, suplicó:
«¡Santo Padre, cúreme!».
El Papa, sonriendo, puso su mano sobre el brazo y, casi acariciándolo, repitió tres veces:
«Sí, sí, sí».
En ese mismo instante, un estremecimiento de vida recorrió el brazo paralizado, que de repente se extendió y recuperó sus movimientos.


