Las noches negras de Audrey Hepburn

Domingo 2 de agosto de 2026

El público no guardó silencio porque la joven bailarina hubiera fracasado. Guardó silencio porque un solo aplauso podía revelar la casa ante los ocupantes alemanes.
Audrey Hepburn tenía quince años cuando participó en reuniones clandestinas celebradas en viviendas de Velp, en los Países Bajos.
Las ventanas permanecían cubiertas y la iluminación era mínima. Músicos, actores y bailarines actuaban ante pequeños grupos invitados mientras alguien vigilaba el exterior.
Aquellas reuniones eran conocidas como “zwarte avonden”, noches negras. Parte del dinero recaudado ayudaba a sostener a personas escondidas, familias perseguidas y actividades vinculadas con la resistencia neerlandesa.
Audrey recordaría que aquellos fueron algunos de los públicos más atentos ante los que había bailado. Al terminar, nadie podía aplaudir.
El silencio era la única ovación segura.
Había nacido en Bruselas en 1929. Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, su madre, la baronesa neerlandesa Ella van Heemstra, la trasladó desde Inglaterra hasta Arnhem. Creía que los Países Bajos conservarían la neutralidad que los había mantenido fuera de la Primera Guerra Mundial.
Alemania invadió el país en mayo de 1940.
Para evitar problemas por su nombre inglés, Audrey comenzó a presentarse como Edda van Heemstra.
Mientras la ocupación transformaba las calles, continuó estudiando ballet con Winja Marova en la escuela de música de Arnhem.
El baile se convirtió en una forma de disciplina dentro de un mundo que perdía cualquier apariencia de orden.
La historia de su familia también era más incómoda de lo que después mostraría su imagen cinematográfica.
Antes de la guerra, tanto su padre como su madre habían mostrado simpatías fascistas. Joseph Hepburn-Ruston, quien había abandonado el hogar cuando Audrey tenía seis años, fue detenido en Gran Bretaña e internado durante la guerra debido a sus vínculos políticos.
La ocupación terminó destruyendo cualquier ilusión que su madre hubiera conservado sobre el régimen nazi.
El 15 de agosto de 1942, Otto van Limburg Stirum, tío político de Audrey, fue fusilado junto con otros cuatro rehenes neerlandeses.
Los alemanes los ejecutaron como represalia por un sabotaje ferroviario que ellos no habían cometido.
Uno de los hermanastros de Audrey fue enviado a realizar trabajos forzados en Berlín. El otro permaneció escondido para evitar un destino semejante.
Audrey había visto desaparecer vecinos judíos y recordaba los trenes en los que familias completas eran deportadas.
Comprendió que las personas podían estar presentes una mañana y desaparecer antes de la noche sin que nadie se atreviera a preguntar en voz alta adónde habían sido llevadas.
En enero de 1944 todavía pudo participar en un recital público en el teatro de Arnhem. Pero a medida que aumentaron la represión y la censura, las representaciones privadas adquirieron otro significado.
Audrey contó posteriormente que había bailado en actos clandestinos para recaudar fondos. Existen registros de la participación de su familia en aquellas noches, aunque algunas historias posteriores sobre misiones secretas, mensajes para aviadores y peligrosas persecuciones no cuentan con documentación suficiente para presentarlas como hechos comprobados.
Su contribución más claramente recordada fue menos cinematográfica: utilizó aquello que sabía hacer. Bailó.
Después de la fallida Operación Market Garden, en septiembre de 1944, Arnhem quedó devastada y la región de Velp se llenó de heridos, refugiados y soldados.
Audrey colaboró en un hospital local dirigido por el médico Hendrik Visser ’t Hooft, quien también estaba relacionado con la resistencia. Luego llegó el hambre.
Las vías de transporte quedaron interrumpidas, los alimentos escasearon y el combustible prácticamente desapareció.
La familia de Audrey sobrevivió con cantidades mínimas de comida y preparaciones hechas con bulbos de tulipán cuando no había otra cosa disponible.
La adolescente desarrolló anemia, problemas respiratorios y edema provocado por la desnutrición.
Su cuerpo acumulaba líquido precisamente porque le faltaban proteínas y alimentos suficientes. Velp fue liberada en abril de 1945.
La llegada de comida, medicinas y ayuda internacional no borró de inmediato los años de privaciones. Audrey continuó formándose en Ámsterdam y más tarde viajó a Londres para estudiar con Marie Rambert. Todavía soñaba con convertirse en primera bailarina.
Pero la guerra había interrumpido años decisivos de preparación y su físico no se ajustaba a lo que exigían las grandes compañías.
Rambert le explicó que probablemente podría trabajar como bailarina, aunque difícilmente alcanzaría la posición principal que deseaba.
Audrey necesitaba además ganar dinero para sostenerse junto con su madre.
Comenzó a participar en espectáculos musicales, pequeños papeles cinematográficos y pruebas de actuación.
La carrera que no pudo construir únicamente con los pies terminó apareciendo frente a una cámara.
Décadas después, convertida en una de las actrices más reconocidas del mundo, dedicó sus últimos años a UNICEF.
Al explicar por qué había aceptado convertirse en embajadora, recordaba que ella también había sido una niña que necesitó alimentos y asistencia después de una guerra.
Su labor humanitaria no nació de la imagen elegante creada por Hollywood.
Nació en las habitaciones oscuras de los Países Bajos, cuando bailar significaba recaudar unas monedas, guardar silencio podía salvar vidas y una adolescente descubrió que el arte también servía para resistir.

