Visiones sobre Santo Tomás – Ana Catalina Emmerich


Cerca de tres años después de la muerte de Cristo, Santo Tomás emprendió viaje con el apóstol Tadeo y cuatro discípulos hacia el país de los Reyes Magos.
Allí bautizó a dos de los tres Reyes Magos: a Mensor y a Teokeno. (En otro lugar dice Ana Catalina que Sair el tercero de los reyes, ya había muerto).
En todas partes obraba grandes maravillas el apóstol Tomás; establecía maestros de la fe. y dejaba a un discípulo.
Se dirigió hasta la Bactriana. Lo he visto muy al Norte, en la China, donde empieza la Rusia, entre gentes completamente bárbaras.
En la Bactriana, especialmente entre los que siguen las enseñanzas de la Estrella Luminosa (Zoroastro), fue muy bien recibido.
Lo he visto también en el Tibet. Después he visto a Tomás, no solamente en la India, sino también en una isla, entre gente de color negro, y en el Japón, y he oído profecías hechas por él sobre la suerte de la religión en ese país.
Tomás no había querido por propia voluntad ir a la India. Antes que se fuera, había tenido frecuentes visiones en sueños, pareciéndole que él edificaba en la India hermosos y grandes palacios.
Él no entendía en un principio tales visiones y las desechaba, ya que no era constructor de casas. Pero después le volvían los avisos de que se dirigiera a la India, para convertir a mucha gente, ganar almas para Dios; que esto era lo que significaban los palacios que edificaba.
Refirió sus visiones a Pedro, quien lo animó a ir a la India. Viajó a lo largo del Mar Rojo. Estuvo también en la isla Socotora, donde evangelizaba; no permaneció mucho tiempo allí.
Era la segunda ciudad del reino adonde Tomás había llegado, cuando celebraban allí una gran fiesta. Él empezó a evangelizar y a curar los enfermos.
El rey y mucha gente escuchaban su enseñanza. Logró convertir a tanta gente que un joven sacerdote idolatra concibió mucho enojo contra él.
En medio del concurso de pueblo donde enseñaba Tomas, se adelantó y le dio una bofetada. Tomás se mostró muy paciente y, sin inmutarse, ofreció la otra mejilla a los golpes y aún le dio las gracias.
Por esta actitud quedaron el rey y el pueblo muy admirados y consideraron a Tomás como
persona santa.
El mismo sacerdote de los ídolos se convirtió. Su mano se había cubierto de lepra, pero el santo la sanó, y así, convertido, fue luego el más adicto discípulo del apóstol.
Tomás convirtió también a la hija del rey y a su esposo, que estaba poseído por un demonio. Después abandonó esta comarca viajando hacia el Oriente.
Cuando la hija del rey dio a luz un hijo, se consagraron ella y su esposo a Dios, viviendo en
continencia. y repartieron sus riquezas a los pobres.
Por este hecho el padre del esposo se irritó mucho contra Tomás y decía que era un hechicero, pero los esposos perseveraron en el camino emprendido, enseñaban por doquier la fe de Cristo con la
sencillez con que la habían recibido y convirtieron a mucha gente.
El padre del joven esposo se conmovió y mando decir a Tomás que volviera. Tomás volvió. pues le había dicho «Pronto os volveré a ver».
El rey se hizo bautizar con una gran muchedumbre del pueblo. He visto que más tarde fue diácono y que se retiró al país de los Reyes Magos. Creo que llegó a ser sacerdote. Un hijo suyo edificó una iglesia.
He visto a Tomás en otra ciudad de la India, junto al mar, deseando volver atrás en su viaje. Creo que no era lejos del lugar donde he visto mas tarde a Javier.
Se le apareció Jesús y le mandó ir más adentro en la India. Tomás no se decidía; le parecía que había allí pueblos muy bárbaros.
Se le apareció Jesús nuevamente, y le dijo que huía de su presencia como Jonás: le animó a ir, prometiéndole estar con él; le dijo que allí se obrarían grandes maravillas por su predicación; que en el día del juicio estaría él junto a Cristo, como testigo de lo que se había hecho por la conversión de los hombres.
He visto luego al apóstol salir en medio de mucha gente; lo he visto sanando enfermos, echando demonios y bautizando junto a un pozo.
Acercósele un hombre noble, muy instruido y muy bueno, que estaba siempre consultando libros y se hizo un discípulo muy adicto.
Este hombre tenía una sobrina casada con un pariente del rey del lugar. Era joven, hermosa y muy rica.
Cuando oyó hablar del apóstol, concibió un gran deseo de oír su enseñanza. Se metió entre el pueblo y, echándose a sus pies, le pidió que la instruyera en las verdades de la fe. Tomás la evangelizó y la bendijo.
Ella estaba muy conmovida; lloraba, oraba y ayunaba día y noche. Su esposo, que la amaba mucho, la quería distraer; pero ella le rogó la dejase todavía algún tiempo libre.
Iba todos los días a la enseñanza del apóstol y se hizo ferviente cristiana. Esto irritó muchísimo a su esposo, que se vistió de luto y se presentó en queja al rey, contra Tomás.
Mandó el rey que Tomás fuera arrastrado con una soga por el hombre irritado, y azotado y
encarcelado; mas él daba gracias a Dios de todo lo que padecía.
La joven esposa se cortó los cabellos, lloraba, oraba y daba mucha limosna a los pobres, y desde entonces no volvió a adornarse,
Durante la noche, en ausencia de su esposo, habiendo ganado a los guardianes, iba con otros a escuchar las enseñanzas de Tomás en la misma cárcel.
Su nodriza iba con ella y se hizo cristiana. Tomás les dijo que preparasen todo para el
bautismo en su misma casa. Salió de la cárcel y bautizó a éstos y a muchos otros.
Los guardianes, por permisión de Dios, durmieron durante este tiempo, y Tomás volvió luego a su encierro.
Más tarde, como hasta en la familia real algunos se habían enmendado, oyendo la predicación del apóstol, mandó el rey comparecer a Tomás.
El apóstol lo evangelizó, y como él no creyese, le dijo Tomás que hiciese alguna prueba con él para que viera que predicaba la verdad.
Mandó entonces el rey traer asadores calentados al rojo, y Tomás caminó sobre ellos sin sentir daño alguno.
En el lugar donde estuvieron los hierros
ardientes, brotó una fuente. Tomás le dijo como él mismo había visto los milagros de Cristo durante tres años, cosa que la decía a menudo, y que, a pesar de todo, frecuentemente dudaba; por eso quería convencer a los más incrédulos.
Tomás narraba su propia culpa en todas partes. El rey intentó aún ahogarlo dentro de una pieza que hizo llenar de vapor caliente; pero no llego a causarle daño alguno y la pieza estaba llena de
aire fresco.
Cuando pretendió que Tomas sacrificase a sus ídolos, el apóstol le dijo: «Si Jesús no pudiera destruir a tu ídolo, entonces yo le ofreceré incienso».
Se preparó una gran fiesta; caminaron hacia el templo, en medio de músicas y cantos. El ídolo de oro era conducido en un carro majestuoso. No bien Tomás oró, se vio descender fuego del cielo que derritió el ídolo en un momento. Otros muchos ídolos cayeron destrozados al suelo.
Se produjo por esto un gran levantamiento entre el pueblo y los sacerdotes. y Tomas fue arrojado de nuevo a la cárcel.
De ésta cárcel fue librado. como Pedro, y llegó
a una isla donde estuvo largo tiempo. Tomás dejó su enseñanza allí y se dirigió hacia el Japón, donde estuvo medio año.
A su vuelta se convirtieron muchos de la misma familia del rey. Los sacerdotes de los ídolos estaban más irritados contra él.
Uno de ellos tenía un hijo enfermo y pidió a Tomás que fuese a sanarlo. Mientras tanto ahogó a su hijo y luego acusó a Tomás de ser autor del hecho.
Tomás hizo traer el cadáver y mandóle, en
nombre de Jesús, levantarse y decir quién lo había matado. El muerto se levantó, y dijo: «Mi padre lo ha hecho». Por este motivo se convirtieron muchos.
He visto que Tomás, hincado de rodillas sobre una piedra, solía orar fuera de la ciudad, en un lugar distante del mar, y que sus rodillas quedaron impresas en la piedra.
Él predijo que cuando el mar que estaba entonces bastante lejos llegase a lamer esa piedra, vendría un hombre desde muy lejos y predicaría allí la fe de Jesucristo.
Yo no podía pensar que el mar llegaría con el tiempo hasta allí. En ese lugar se levantó una cruz de
piedra cuando Javier llegó a esta comarca.
He visto a Tomás hincado sobre esta piedra, orando, en éxtasis, y que un sacerdote idolatra, acercándose por detrás, le traspasó con
su lanza.
Su cuerpo llegó luego a Edesa; y he visto una fiesta religiosa en su honor. Pero quedaron todavía una costilla de Tomas y la lanza en el lugar.
Junto a la piedra donde rezaba, había un árbol de olivo. que fue regado con su sangre. Siempre, el día de su martirio, el árbol suda aceite, y cuando esto no acontece, la gente teme un mal año.
He visto que los paganos en vano quisieron desarraigar este árbol, que siempre renace. Se
levantó una iglesia allí, y cuando se dice Misa en ella el árbol vuelve a sudar aceite. La ciudad se llama Meliapur. Ahora la fe no florece allí, pero el cristianismo se levantará de nuevo en ese lugar.
Me fue dicho que Tomás llegó a los trescientos noventa años de edad. Era muy demacrado, algo oscuro de cara y tenia cabellos castaños algo rojizos.
En su muerte se le apareció el Señor y le dijo que se sentaría con él a juzgar en el día del juicio. Si no me
equivoco en mis muchos viajes me parece que Tomás partió, después de la separación de los apóstoles, primero a Egipto, después a Arabia, y andando por el desierto mandó a un discípulo a decir a Tadeo que fuera a ver al rey Abgar.
Después bautizó a los Reyes Magos y llegó hasta la Bactriana, China, Tíbet, Rusia, y desde aquí regresó para asistir a la muerte de María.
Después lo he visto en Palestina, a través de Italia, un trozo de Alemania, la Suiza, un poco de Francia, luego en África llegar a Etiopía y Abisinia, donde vivía Judit (de quien se habla en otra visión).
De allí a Socotora, a la India, a Meliapur, donde fue librado de la cárcel por el ángel; atravesando parte de la China, llegó muy al Norte, donde es ahora la parte rusa. De aquí fue al Norte de las islas del Japón.(*)
(*) El Kirchenlexikon dice: Según la tradición de los Sirios, envió Tomás al apóstol
Tadeo a Edesa, donde era rey Abgar.
El cuerpo del Santo descansa en Edesa y parte de sus reliquias quedaron en la India.

