Religión

TODO POR UN POLLO ASADO


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Viernes 22 de mayo de 2026

Cuando la Beata Ana María Taigi vivía en el Corso, compartía la escalera con una mujer realmente insoportable. Su puerta estaba justo frente a la de la beata.

Desde temprano por la mañana hasta la noche, la mujer espiaba constantemente quién entraba y salía, dejando la puerta entreabierta para vigilar.

Como era la encargada de alquilar los departamentos y no llegaban inquilinos, empezó a acusar a Ana de brujería, diciendo que ella espantaba a los posibles arrendatarios.

Ana, en lugar de ofenderse, respondía con caridad: le hacía regalos, e incluso un día le ofreció la mitad de un pollo asado.

La vecina, tan codiciosa como glotona, casi se ahoga al comerlo, y entonces comenzó a gritar por la escalera que «la hechicera» la había envenenado.

Ana le respondió con calma, sugiriendo que tal vez había comido demasiado rápido, pues el resto del pollo no le había hecho daño a nadie.

La explicación no fue bien recibida. Su anciana madre, presente en la escena, aprovechó para decirle:

—Ya te lo había advertido. ¡No deberías haberle dado nada!

Ana solo pidió que no le contaran nada a Domenico, (su esposo).

Poco tiempo después, la mujer cayó en una gran miseria y se presentó ante Ana a pedir limosna.

Ana no solo la ayudó, sino que, según testificó su hija Sofía, “antes de morir nos pidió que continuáramos haciendo esa caridad, y así lo hicimos”.

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