Historia

El Día de la Madre en México


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Domingo 10 de mayo de 2026

La celebración del Día de las Madres en México, inició en 1922, en medio de un conflicto entre quienes, desde Yucatán, impulsaban el control natal, la planificación familiar y una mayor participación de la mujer en la escena pública (en apoyo a su derecho a decidir y rechazando el rol centrado exclusivamente en la maternidad), frente a los que enaltecían la figura de la madre y “la más alta función de la mujer que no solo consiste en dar a luz, sino en educar a los hijos que forma su carne”.

En 1922 un fantasma recorría la ciudad de Mérida: la idea de que la mujer puede elegir ser o no madre.

Un folleto de la enfermera estadounidense Margarita Sanger, activista en favor del control de la natalidad, había desatado el debate, el escándalo y que muchos se persignasen al ver que se estaba repartiendo afuera de las oficinas del Registro Civil y las escuelas de la capital yucateca.

En el impreso se explicaban métodos para evitar la concepción y limitar el crecimiento de la familia, lo que hizo levantar la voz y poner el grito en el cielo a numerosos sectores de la sociedad mexicana que percibían en ello un atentado a la moral.

En Yucatán gobernaba un régimen de carácter socialista encabezado por Felipe Carrillo Puerto.

Eran tiempos de cambios profundos que se reflejaban en políticas de reparto agrario, apoyo al desarrollo de los indígenas y obreros, impulso a la educación, combate al dogmatismo religioso e incorporación de la mujer a la vida política y social con la creación de ligas feministas.

Poco antes de ese 1922, Elvia Carrillo Puerto –hermana de Felipe e impulsora del primer Congreso Feminista de 1916– había organizado una visita a Yucatán de Anne Kennedy, de la Liga Estadounidense de Control de la Natalidad –fundada por Sanger–, a fin de establecer algunas clínicas con ese objetivo en la entidad.

La idea, respaldada por el gobierno, era fomentar una mayor participación de la mujer en la escena pública, y para ello era necesario ofrecer opciones de planificación familiar.

Pero la difusión del folleto de Sanger, en el que se señalaba que “mientras la mujer no obtuviera el derecho de regular su fertilidad no podría emanciparse”, causó escozor en muchas conciencias y desató una virulenta campaña en su contra en la prensa de la capital mexicana, principalmente del Periódico Excélsior que, para contrarrestar tales ideas, propuso la celebración del Día de la Madre cada 10 de mayo, como ya ocurría en Estados Unidos el segundo domingo de ese mes.

El diario sugería dedicar ese día a “enaltecer a la madre, a hacer un monumento de amor y de ternura a la que nos dio el ser”, al tiempo que condenaba la campaña suicida y criminal contra la maternidad que se impulsaba desde Yucatán, la cual denigraba la más alta función de la mujer que no solo consiste en dar a luz, sino en educar a los hijos que forma su carne.

De acuerdo con la investigadora Marta Acevedo, la campaña del Excélsior tuvo eco entre diversos sectores de la sociedad y su resonancia alcanzó incluso al gobierno federal por medio del secretario de Educación Pública, José Vasconcelos.

El periódico se jactó de tener la ayuda moral y efectiva de dicho funcionario, para que el 10 de mayo la niñez de las escuelas públicas del país rindiera su homenaje a las santas y abnegadas mujeres que han contribuido a la prolongación de la familia mexicana.

Otra institución que apoyó la celebración del Día de la Madre fue la Iglesia católica.

El arzobispo de México, José Mora y del Río, envió una carta a Rafael Alducin, director del Excélsior, para aprobar la propuesta que contribuía al cumplimiento del cuarto mandamiento, relativo a honrar a los padres, en esos “tiempos de disolución social en que vivimos y en que las doctrinas subversivas intentan trastornar el orden establecido por Dios y por la naturaleza […] muy oportuno es laborar por consolidar las bases del edificio social, comenzando por la familia, que está considerada por las sociedades cristianas como célula de las naciones”.

El Excélsior también consiguió el respaldo de salas de cine y teatros, de instituciones de beneficencia como las Damas de la Cruz Roja, así como de la Cámara de Comercio de México.

De esta forma, gobierno, escuelas, clero, medios de comunicación, industria del espectáculo, grupos sociales y empresarios se unieron para celebrar a lo grande el primer Día de la Madre en la capital del país, con hijos y familiares llevando a sus progenitoras flores y regalos, a comer o cenar a algún restaurante, o a presenciar alguna zarzuela o película que exaltara el amor filial.

Fue tal el éxito de la campaña y de esa primera festividad, que pronto se convirtió en una costumbre popular que se extendió por toda la República y que hasta la fecha se celebra cada año.

El movimiento feminista que rechazaba el rol de la mujer enfocado en la maternidad y al hogar había perdido una importante batalla; los mexicanos tenemos corazón y sabemos valorar que la importancia de una madre es de tal magnitud, que ni Dios mismo quiso privarse de tenerla.

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