Superhéroes mexicanos


Jueves 16 de abril de 2026
México también construyó sus propios superhéroes en el mismo momento en que el resto del mundo lo estaba haciendo.
Uno de los primeros en consolidarse como tal fue Kalimán, quien apareció en 1963 como radionovela y en 1965 como historieta.
Fue creado por Rafael Cutberto Navarro y Modesto Vázquez González, y rápidamente se convirtió en un fenómeno editorial con tirajes masivos en todo el país.
No era un superhéroe tradicional con capa o poderes sobrenaturales, pero sí tenía habilidades físicas y mentales extraordinarias, una identidad clara y una misión constante de justicia. Su lema, “serenidad y paciencia”, lo definía.
Pero Kalimán no surgió en el vacío, antes de él, México ya había construido figuras heroicas desde la cultura popular.
El Santo, activo desde la década de 1950, se convirtió en un ícono a través del cine y la lucha libre, enfrentando criminales, científicos locos, vampiros y momias.
No era un personaje de cómic en origen, pero sí un héroe con identidad pública, narrativa constante y reconocimiento masivo.
Junto a él, figuras como Blue Demon también formaron parte de este fenómeno, consolidando una etapa en la que el cine mexicano construyó sus propios héroes antes de la influencia directa de los cómics estadounidenses.
Para los años sesenta y setenta, estas figuras ya no eran solo entretenimiento, eran parte de la cultura popular.
Se distribuían en revistas, radio, cine y puestos de periódicos. Llegaban a millones de personas en un país donde la historieta era uno de los principales medios de consumo cultural.
Kalimán representa el paso hacia el superhéroe moderno en México. El Santo representa el origen popular del héroe nacional. Y juntos muestran que el concepto de “superhéroe” en México no nació copiando modelos extranjeros, sino adaptándose a los medios, las historias y el contexto del país.

