Contrastes


Sábado 17 de enero de 2025
«El primer hombre que entró al Cielo fue un ladron y el primero que se fue al infierno fue un discípulo de Jesús»
Reflexionemos:
El «buen ladrón» (conocido por la Tradición como Dimas) representa la victoria de la Gracia en el último suspiro.
Su entrada al Paraíso fue el reconocimiento de la Verdad ante el Rey crucificado.
Mientras el mundo veía a un fracasado, Dimas vio a un Rey. Su frase: «Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino», es un acto profundo de fe.
Su contrición perfecta transformó su patíbulo en un confesionario.
San Juan Crisóstomo decía que el ladrón se «robó» el paraíso, haciendo de su última fe, la llave que le abrió las puertas que el pecado de Adán había cerrado.
El contraste con Judas es pavoroso. Si el ladrón se salvó desde el extremo del pecado, el discípulo se perdió desde el corazón de la Gracia.
Judas comió con el Verbo Encarnado, escuchó Sus sermones sin intermediarios y fue testigo de Sus milagros.
Esto nos enseña que ni los sacramentos (sí no se tienen las debidas disposiciones), ni la cercanía a la Iglesia en algún apostolado, ministerio etc; salvan por sí solos,vsi el corazón permanece cerrado al AMOR y a la pureza de intención.
La diferencia no fue solo el pecado (pues Pedro también negó al Señor), sino el rechazo a la Misericordia.
Mientras el ladrón se entregó a la esperanza, Judas se encerró en su propia culpa, rechazando el perdón que Cristo estaba ofreciendo en ese mismo instante desde la Cruz.
Conclusión: Solo Dios conoce lo más profundo de nuestro corazón.
ENSEÑANZA: el Cielo es un regalo para los que se saben pecadores y el Infierno es el riesgo para los que, estando cerca de lo sagrado, endurecen su corazón.
El Buen Ladrón nos enseña a mirar a Cristo; el discípulo traidor nos advierte respecto la importancia de no dejar de mirarlo nunca.
