Religión

LOS EXTRAÑOS REMEDIOS DE SAN MARTÍN DE PORRES

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Viernes 30 de octubre de 2026

Uno de estos casos fue el de fray Andrés Martínez, para quien san Martín recurrió a un remedio, por lo menos, extraño.

Fray Andrés enfermó de fiebres poco después de profesar. Tras haber luchado durante algún tiempo, inútilmente, contra ellas, descubrió que tenía enfermos los pulmones. Este diagnóstico le quitó toda esperanza de curación y lo sumió en una profunda melancolía.

Un día, Martín lo encontró triste y se compadeció de él. Le pidió que se animara y le aconsejó que aquella misma noche se diera un baño en el estanque situado en el centro del claustro del noviciado.

Fray Andrés se rio de aquella ocurrencia. Aquel día Martín debía de tener ganas de bromear para hacer semejante proposición a alguien que apenas podía mantenerse en pie, tal era su debilidad.

Pero Martín no estaba bromeando y repitió su consejo: un buen baño de agua fría, durante la noche, era lo que necesitaba para recuperar la salud.

Esta vez fray Andrés dejó de reírse y tomó en serio el consejo. Quizá pensó:

—De morir, lo mismo da de un modo que de otro. Probemos.

Alguien que llegó a enterarse de aquello trató de disuadirlo:

—¿Estás loco? ¡Con el mal que tienes a cuestas!

Pero fray Andrés estaba decidido. Cenó con los demás religiosos y, cuando todos se retiraron a sus celdas, él hizo lo mismo.

A las diez de la noche bajó al claustro, se quitó la túnica y ¡al agua!

El frío le cortó la respiración y lo obligó a salir apresuradamente, aterido y sobresaltado.

Sin embargo, pensó que aquella inmersión había sido demasiado breve para llamarse baño, así que volvió a meterse resueltamente y permaneció en el agua tanto tiempo que el frío terminó por paralizarle los movimientos, dejándolo incapaz de salir por sí mismo.

Por fortuna, pasaba por allí un hermano lego, que lo sacó del estanque. Al encontrarlo completamente aterido, lo secó, lo vistió y lo llevó a la cama, procurando calentarlo lo mejor que pudo con ceniza caliente y mantas.

Apenas el buen hermano terminó de arroparlo, fray Andrés se quedó profundamente dormido y descansó de un tirón hasta la mañana siguiente.

Cuando despertó, se encontró sano.

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