La mesa del Santo, una vieja tradición


Viernes 30 de octubre de 2026
Durante el Virreinato, era tradición que el 1º de noviembre —día de Todos los Santos— los fieles visitaran la mayor cantidad posible de iglesias para venerar las reliquias expuestas.
El recorrido culminaba en la Catedral Metropolitana, donde, antes de ingresar, se adquirían panes y dulces en forma de reliquias.
Estos eran bendecidos y llevados a casa para colocarse en la llamada “mesa del santo”, un altar doméstico adornado con la imagen de un santo.
Sobre esta mesa se disponían los dulces y panes en forma de huesos benditos, como símbolo de devoción y protección. Se pedía al santo que santificara el hogar y protegiera a sus habitantes.
Estas “reliquias” comestibles, elaboradas con alfeñique, eran decoradas con tal detalle que imitaban las joyas que enriquecían las reliquias de los mártires europeos.
Sin embargo, debido a su alto costo, solo las familias acomodadas podían adquirirlas. El resto de la población optaba por cráneos de azúcar derretida, una alternativa más accesible.
Con el paso del tiempo, esta tradición evolucionó, y hoy en día estos cráneos se elaboran también con chocolate.
