Opinión

LOS NACIMIENTOS Y ADORNOS NAVIDEÑOS SON UNA EXPRESIÓN DE LIBERTAD RELIGIOSA

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Viernes 23 de octubre de 2026

Por Alejandra Yáñez Rubio

En 2020, tres activistas vinculados con una organización que recibe fondos internacionales, promovieron tres juicios de amparo en Yucatán, relacionados con la colocación de nacimientos y adornos navideños en espacios públicos de Chocholá, Mérida y Mocochá.

Alegaban que el Estado es laico y que la instalación de estos nacimientos constituía una imposición de la fe católica.

Argumentaron que se les obligaba a ser observadores pasivos de manifestaciones de una fe que no compartían.

La realidad es que un Estado laico debe garantizar la libertad religiosa de todas las personas, tanto de quienes profesan una religión como de quienes no tienen ninguna.

Es un error creer que la laicidad exige prohibir toda manifestación pública de fe. Por el contrario, la libertad religiosa implica que el Estado mexicano debe proteger el libre ejercicio de las creencias y, al mismo tiempo, abstenerse de imponer una religión o un culto.

La instalación de nacimientos navideños no solo constituye una expresión de nuestra historia y nuestras tradiciones culturales, sino que también recuerda un acontecimiento religioso cuya importancia trasciende el ámbito estrictamente católico.

Incluso muchas personas que no profesan ninguna religión disfrutan de las celebraciones decembrinas como parte de nuestras costumbres.

Por ello, la presencia de nacimientos y adornos navideños en espacios públicos no debe interpretarse automáticamente como una violación al principio de laicidad del Estado.

Estos tres casos “bandera” llegaron al conocimiento de la Suprema Corte de manera pronta y expedita. El entonces ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá elaboró un proyecto de resolución que planteaba restricciones a la instalación de nacimientos religiosos por parte de las autoridades para resolver el asunto de Chocholá.

Sin embargo, el promovente del amparo se desistió de su demanda debido a que tanto él y su familia, recibieron reclamos de habitantes de la comunidad por el litigio.

Este episodio puso de manifiesto la controversia social que puede surgir cuando una tradición profundamente arraigada es cuestionada por la intolerancia de activistas que buscan cambiar la cultura mediante litigio estratégico.

Semanas después, el promovente del segundo amparo, relacionado con Mérida, también se desistió.

Trascendió que el proyecto del entonces ministro Arturo Zaldívar proponía negarle el amparo, al reconocer “que el Estado mantuvo en todo momento un propósito secular, consistente en decorar la ciudad en el contexto de las celebraciones decembrinas”.

El promovente del tercer amparo, correspondiente a Mocochá, también se desistió.

De acuerdo con los antecedentes del asunto, el proyecto de resolución de la ministra Sara Irene Herrerías también proponía negar el amparo, al considerar que la colocación de símbolos navideños no vulneraba, por sí misma, la laicidad del Estado, ni la libertad religiosa.

Estos casos nos invitan a reflexionar sobre la importancia de preservar y defender nuestras libertades y tradiciones.

Los creyentes debemos tener claro que los nacimientos y adornos navideños son expresiones vivas de nuestra identidad cultural y de nuestra libertad religiosa.

Para los no creyentes, estos nacimientos son una expresión histórica y cultural nada más.

El escándalo por los amparos grinch fueron un factor decisivo en la concientización de que a veces, el activismo ideológico puede vulnerar libertades.

Tengamos claro que un Estado verdaderamente laico debe garantizar la convivencia de creyentes y no creyentes, sin convertir la neutralidad institucional en una forma de censura o exclusión religiosa. Es la mejor manera de defender nuestra libertad religiosa.

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