Un mártir y un compositor juntos


Viernes 23 de octubre de 2026
Agustín Lara y el sacerdote jesuita Miguel Agustín Pro Juárez coincidieron en prisión tras ser arrestados en la Ciudad de México en plena Guerra Cristera
Era 1927, y la persecución religiosa en México estaba en su punto más complicado. Agustín Lara ya era un músico influyente, con un programa diario en la radio.
Pero una mañana, tras una noche de excesos y parranda, Lara despertó con un profundo sentimiento de culpa y la clásica cruda.
Se enteró de que se celebraría una Misa clandestina en una casa de la Colonia Roma. Movido por la contrición, asistió.
Sin embargo la policía irrumpió en la reunión secreta. Todos fueron detenidos, incluyendo al músico poeta.
Lara fue trasladado a la Inspección General de Policía, un edificio sombrío que hoy alberga la Lotería Nacional.

En ese mismo lugar, en celdas cercanas, se encontraba el jesuita Padre Miguel Agustín Pro Juárez, acusado falsamente de un atentado contra Álvaro Obregón.
En el frío de la prisión, Agustín que no sabía que su compañero era un sacerdote, recibió un acto de caridad que recordaría toda su vida.
El Padre Pro, le ofreció su abrigo para calentarse, ya que el frío era insoportable. Además de que compartió un poco de pan que llevaba consigo, con Agustín y con los otros presos.
La mañana del 23 de noviembre de 1927, en lugar de un juicio, el Presidente Plutarco Elías Calles ordenó la ejecución inmediata del Padre Pro, buscando intimidar a los católicos.
Lara, asomándose por una ventila de su celda, se convirtió en un testigo mudo y aterrado. Vio cómo el Padre Pro era llevado al patio.
El Padre Pro murió perdonando a sus verdugos y gritando ¡Viva Cristo Rey!…
