Religión

CARTA FRATERNA y DOCTRINAL A LOS ADVERSARIOS SINCEROS DE LA FRATERNIDAD SACERDOTAL SAN PÍO X

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Miércoles 9 de septiembre de 2026

Por el Padre Michel Boniface

ANTES DE ATACAR A LA FRATERNIDAD, MIREMOS DE FRENTE LA CRISIS

Hermano:

Sé que usted ama a la Iglesia y que muchas de sus críticas hacia la Fraternidad nacen precisamente de ese amor.

Pero amar a la Iglesia exige también la valentía de reconocer sus problemas, estudiar sus causas y defender la verdad, reconocer errores de administración, aunque hacerlo resulte incómodo.

Por eso le digo fraternalmente: antes de condenar a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, estudie aquello que ella denuncia y la solución catolica tradicional de los santos que propone.

Sería bueno seguir este consejo sabio de San Augustin: «En las cosas necesarias, unidad; en las dudosas, libertad; en todas, caridad.»

Es un principio muy útil para distinguir entre verdades de fe que obligan a todos y opiniones teológicas o prudenciales sobre las que puede haber legítima diversidad.

Hermano, estudie a San Pío X. Lea Pascendi Dominici Gregis. Estudie su condena del modernismo y las advertencias de los Papas contra las corrientes filosóficas y teológicas que ponen, por su relativismo en peligro la fe. No juzgue estas cuestiones por lo que otros dicen de ellas: vaya directamente a las fuentes. Sea exigente.

Después pregúntese con sinceridad: ¿podemos negar que existe una profunda crisis doctrinal y moral en la Iglesia provocada por los dizque TEÓLOGOS del siglo XX?

La pérdida de la fe, la confusión doctrinal, el relativismo moral, la debilitación de la catequesis y el abandono de prácticas y verdades de FE enseñadas por la Iglesia no son una fantasía inventada por la Fraternidad.

Claro. Haré únicamente correcciones ortográficas y sintácticas, sin añadir, quitar ni modificar el contenido ni las ideas.

El cardenal Ratzinger, en 1981, en su libro Informe sobre la fe, séptima edición de la BAC, páginas 80 y 81, dijo: «Debido a que la teología no da un modelo común de la fe, la catequesis está expuesta a la desintegración, a experimentos que cambian continuamente. Muchos catequistas y algunos catecismos no transmiten la fe católica en el conjunto de su armonía, sino que escogen unos textos bíblicos, etcétera, y descartan lo demás». Consecuencia: no tenemos una catequesis completa, sino algo subjetivista.

Y también el mismo cardenal dijo: «El primer error después del Concilio fue haber declarado el catecismo, es decir, la comunicación íntegra de la fe a la juventud como obsoleto, viejo, y las nuevas generaciones son incapaces de conocer su fe, de dar testimonio de fe; perdieron el sentido de la fe».

Son afirmaciones muy graves del cardenal Ratzinger en su tiempo. Después, él mismo habló de la «dictadura del relativismo».

También el Papa Juan Pablo II dijo: «Debemos reconocer honestamente que hoy los cristianos católicos andan perplejos, confundidos, extraviados. Se han sembrado verdaderas herejías en el campo dogmático y moral. La liturgia fue manipulada, inmersos en el relativismo intelectual y moral y, por eso, en el permisivismo, los católicos andan como andan actualmente».

Esto sí lo dijo el Papa Juan Pablo II en 1981, y el mismo Papa habló de la «apostasía silenciosa de Europa». Y nosotros añadimos: apostasía silenciosa del continente de la esperanza, las Américas católicas, hacia el protestantismo.

Estas son realidades que ningún católico sincero, amante de la verdad de la Iglesia, puede tomar a la ligera. Y esto tiene causas, y las causas sí, en primer lugar, son los cambios en la Iglesia que no comunicaron integralmente la fe y no la defendieron ni en las universidades, ni en los seminarios, ni en las predicaciones en la Iglesia.

Ese es el problema, hermano mío querido.

Son hechos que merecen ser examinados seriamente.

Y Pablo VI llegó a hablar del «humo de Satanás» que había entrado en la Iglesia. ¿Vamos a ignorar estas palabras? ¿No deberían impulsarnos, al menos, a investigar con seriedad qué ocurrió y qué consecuencias tuvo?

EL VERDADERO PROBLEMA NO DESAPARECE ATACANDO AL QUE LO DENUNCIA

La Fraternidad no creó la crisis que denuncia. Atacar a quien señala una enfermedad no cura al enfermo. Atacar al que denuncia la causa y los autores y protectores del incendio, no apaga al incendio.

Si la Fraternidad se equivoca, demuéstrelo con argumentos doctrinales serios. Reducir todo el problema a la disciplina arbitraria , no es justo.

Muestre dónde contradice la doctrina católica y responda a sus objeciones con teología, Magisterio y razón.

Pero descalificarla, etiquetarla o reducir todo el problema a una acusación de «desobediencia» no responde a las cuestiones de fondo.

Porque la verdadera pregunta no es: «¿Estoy a favor o en contra de la Fraternidad?».

La verdadera pregunta es: «¿Qué está sucediendo con la fe católica y qué consecuencias tiene esto para la salvación de las almas, porqué millones de católicos apostataron de la Fe católica con el silencio cómplice de muchos sacerdotes y obispos víctimas del falso e ingenuo ecumenismo?»

No pongamos la AUTORIDAD por encima de la VERDAD del Credo y del Evangelio.

Tampoco confundamos la obediencia con la renuncia al discernimiento.

La autoridad en la Iglesia no existe para fabricar una nueva fe, sino para custodiar el depósito recibido de Jesucristo. Por eso, un católico no puede considerar verdadero algo simplemente porque sea nuevo, popular o promovido por una autoridad humana abusando de su poder e imponiendo sus ideas por tener poder en la Iglesia.

Debe preguntarse siempre si es conforme con la fe recibida.

La Tradición catolica y Apostólica no es una colección de costumbres que podamos modificar según las épocas.

Es la transmisión viva de aquello que la Iglesia ha recibido y debe conservar fielmente.

Por eso resulta legítimo examinar críticamente las novedades cuando existe el riesgo de que introduzcan ambigüedad, relativismo o contradicción con la doctrina católica.

LA CUESTIÓN DECISIVA es LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS

El Código de Derecho Canónico establece en el canon 1752 que la salvación de las almas debe tenerse siempre ante los ojos como ley suprema de la Iglesia.

Ese principio debería poner nuestras prioridades en orden.

¿De qué sirve ganar una discusión contra la Fraternidad si mientras tanto las almas pierden la fe?

¿De qué sirve defender una posición particular si no somos capaces de defender la verdad católica?

¿De qué sirve perseguir al que denuncia una confusión si no queremos enfrentar la causa real de la confusión misma, y denunciar sus autores?

Ese es el punto que no podemos perder de vista.

No se trata de defender a la Fraternidad por encima de la Iglesia. Se trata de examinar si sus denuncias corresponden o no a la realidad y responderlas con argumentos, no con descalificaciones.

Hermano, el COMBATE de la Fraternidad EXIGE VALOR, abnegacion, fe , caridad, sacrificios.

Si hermano mio , no le pido que acepte todo lo que afirma la Fraternidad. Le pido algo más elemental y más honesto: estudie antes de juzgar.

Compare las enseñanzas de hoy con el Magisterio anterior. Estudie el modernismo condenado por San Pío X. Examine las transformaciones doctrinales, litúrgicas y pastorales de las últimas décadas. Analice sus frutos. Y saque después sus conclusiones.

Porque si existe un problema grave, no desaparecerá porque dejemos de hablar de él.

El silencio no derrota el error. La confusión no se resuelve con etiquetas. Y atacar al que señala el peligro no elimina el peligro.

Nuestro combate, por tanto, no debe ser contra personas, sino contra el error.

No contra católicos que buscan sinceramente defender la Tradición, sino contra aquello que oscurece la verdad católica.

No por orgullo de una institución, sino por amor a Jesucristo.

No para vencer una discusión, sino para conservar la fe.

Y sobre todo, no para defender intereses humanos, sino para procurar la salvación eterna de las almas.

Por eso, hermano, antes de atacar a la Fraternidad, mire de frente la crisis.

Estudie. Compare. Discierna. Y tenga el valor de llamar al error por su nombre y ataque a sus autores con mitra y báculo como en el tiempo del arrianismo.

Porque cuando la verdad está en juego, la falsa paz puede ser mucho más peligrosa que el combate.

Por la gloria de Dios, por la integridad de la fe católica y por la salvación de las almas: no tengamos miedo de combatir el error, las ambiguidades, el modernismo hecho doctrina, ley, gobierno en la Iglesia.

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