Otra remontada de la Máquina con gol de Ebere

Miércoles 22 de julio de 2026

Tener un estadio es poseer un templo, una dirección fija en el mapa afectivo de la afición. En el futbol mexicano, Cruz Azul ha cimentado una identidad sobre su condición de nómada.
Su regreso al Azteca -ahora Banorte-, el recinto registrado oficialmente ante la Liga Mx como su hogar administrativo, dejó atrás una cadena de desencuentros financieros, tensiones con los administradores y una apresurada solicitud de auxilio logístico hacia la colonia Nochebuena.
Con más de 33 mil personas presentes en las tribunas, el equipo cementero generó nuevas ilusiones al imponerse 2-1 al Puebla en la segunda fecha de la fase regular, el último compromiso previo al Campeón de Campeones.
Los poblanos intentaron dar la sorpresa. Se adelantaron en el marcador, casi sin acercarse a la portería, con un zurdazo de Fernando Monarrez desde fuera del área (28) ante un descuido cómplice de Jéremy Márquez.
Pero el vigente campeón, que portó sobre el pecho el parche de su décima estrella, ha hecho de las remontadas un arte cotidiano.
Desde la final del torneo pasado contra Pumas, las desventajas se volvieron casi un trámite, una prueba más para el carácter de su plantel.
Luka Romero (44) y Cristian Ebere (82), quien ingresó de cambio en el segundo tiempo, se encargaron de darle vuelta al partido con acciones construidas a puro toque.
Los aficionados celestes volvieron a subir las rampas de hormigón de Santa Úrsula con la ilusión intacta, aunque sabiendo que el control administrativo, los asientos y las mejoras del césped siguen perteneciendo a otros.
A tres horas del partido, los alrededores del Azteca se habían transformado ya en una romería festiva. Los puestos ambulantes, reubicados desde el Mundial sobre Calzada de Tlalpan, desplegaron manteles plásticos donde la música de banda y la cumbia resonaron en altavoces improvisados.
Sobre las aceras, convivieron diversas generaciones: el abuelo con la vieja camiseta de lana de los años 70, los más jóvenes con la indumentaria conmemorativa de la novena estrella o aquellos que consiguieron el parche de campeón.
Hubo en esa atmósfera previa una afición acostumbrada a defender su identidad no mediante un estadio propio, sino a través del abrazo colectivo, la cerveza compartida y los gritos de “¡Azul, azul!” en la vía pública.
En nueve partidos que ha dirigido Joel Huiqui al frente del banquillo, Cruz Azul suma siete victorias y dos empates, además de un campeonato que valió una celebración multitudinaria en el Ángel de la Independencia.
La tarea de vencer al Puebla no fue sencilla. No sólo por el gol del inicio, sino porque la Máquina se encontró con un rival volcado al contragolpe y contó con la fortuna de que Gabriel Fernández y Nicolás Ibáñez no estuvieron finos en la contundencia.
Sin embargo, como hace unos días en San Luis, el equipo de Huiqui vino de atrás y dio otro golpe de campeón para seguir en la cima de la clasificación.
Este sábado, en California, enfrentará al Toluca por el trofeo del Campeón de Campeones

