La guerrilla en México: el MAR


Miércoles 6 de mayo de 2026
Por Iván Lópezgallo
Durante las décadas de 1960 y 1970 surgieron en México numerosos grupos guerrilleros y hoy voy a hablarles de la preparación uno de ellos: el Movimiento de Acción Revolucionaria.
El MAR, como se le conocía, surgió a fines de la década de 1960 y estaba formado mayoritariamente por jóvenes universitarios que decidieron capacitarse para emprender la lucha armada.
Con ello en mente buscaron a Cuba y China, pero terminaron entrenando… ¡en Corea del Norte!
De acuerdo con Fernando Pineda Ochoa, uno de sus integrantes, durante su estancia en tierras coreanas:
«La disciplina era rígida, tal y como debe de ser en un campo militar. Aún viviendo pegados al escondrijo del sol en el oriente extremo la luz solar ya nos encontraba haciendo los ejercicios matutinos. Una media hora estirando el cuerpo e iniciaba un trote por un acceso que conducía a la cima de un montículo que permitía, parados en la orilla de un desfiladero, admirar un extenso valle poblado de algunas viviendas. La distancia que recorríamos tendría más o menos tres kilómetros de longitud. Medio kilómetro antes de terminar la pendiente se empezaba a escuchar el ladrido de los perros. Pinches perros escandalosos, renegábamos admirando lo profundo de la hondonada y la resolana que parecía incendiar el techo de las casas. Por el contrario, los canes no se dejaban ver, ¿será que son tan disciplinados como sus amos coreanos? Era una de las variadas hipótesis jocosas debido a la ausencia visual de los escandalosos sabuesos.
Las materias pronto serán divididas en dos planos: los conocimientos impartidos en el aula y los que se vinculaban con el área campestre.
El maestro Chu (único instructor que no era militar), impartía Teoría política y una más conocida como “Reminiscencias» (podía hablarse de la historia de Corea y de Lim Il Sung).
La materia estaba integrada por una serie de contenidos: la guerrilla anti-japonesa, la instauración de la República Popular Democrática de Corea al término de la segunda conflagración mundial, la guerra por la liberación de la patria (1950-1953), su experiencia en la construcción del socialismo.
En esta esfera destacaba la idea del Zuche, concepto que traducido al español significa (más o menos) pensar con cabeza propia.
Al mismo tiempo, concordando con los temas aludidos vimos cerca de ochenta y tantas películas.
El comandante Chak enseñaba karate, judo y a pelear cuerpo a cuerpo a bayoneta calada.
Por su parte, el comandante Kim nos aleccionaba en demolición, lo mismo que en desarmar y armar el armamento utilizado.
Otro comandante, Che, nos instruía en comunicaciones.
La clase de táctica guerrillera (que era dual) la impartía el coronel Mun, quien al mismo tiempo era garante de las prácticas de tiro y puntería y naturalmente de la aplicación práctica de la guerra de guerrillas.
El coronel además era responsable general del entrenamiento. A estas obligaciones habría que agregar dos cursos más Filosofía y Economía política que impartía la propia organización.
Un personaje excepcional y engranaje primordial en el entrenamiento fue el compañero Sin. Dirigía un pequeño grupo de traductores. Dominaba de manera excelente el idioma castellano aprendido en Cuba, lo que le daba un picaresco acento cubano.
No dejaba de parecer jocoso ver y oir a esos hombres de ojos rasgados decir ¡oye chico, aprieta el paso que nos deja la guagua! y poseia una amplia cultura política.
Fuera de clases o en los descansos de las caminatas, dialogábamos con él y mostraba una mente abierta e inteligente.
En estos paréntesis siempre aprendíamos algo interesante. Tres o cuatro compañeros estamos convencidos (lo hemos comentado entre nosotros) que el camarada Sin, más allá de su capacidad como traductor, probablemente pertenecía a la inteligencia coreana y su trabajo principal lo desempeñaba para ese aparato de seguridad del Estado asiático.
Un dato relevante: todos los instructores participaron en la guerra contra los Estados Unidos (1950-1953).
Se integraron tres escuadras acordes a la vivienda en que residiamos, únicamente las dos muchachas que dormían en la misma cabaña pertenecian a distintas columnas.
Asi, la primera escuadra la formaban Roberto, Palafox. Carolina, Artemio, Ariel, Javier y Efrain (Felipe Peñaloza), quien fungia como jefe.
La segunda compañía se formaba con Arturo, Cristina, Gerardo, Eliécer; René y Cornelio, el responsable.
El tercer refuerzo lo completaban Ricardo Salgado, Cruz, Héctor y Antonino, cabeza del grupo.
Todos los días se designaba de manera rotativa un responsable militar encargado de dirigir todas las tareas realizadas durante el día: levantarse para el ejercicio matinal, luego del baño llamar a formación para pasar revista a las tres escuadras, el atuendo castrense completo (incluyendo el arma) era revisado de modo riguroso, ir al desayuno ordenadamente y, terminado éste, marchar marcialmente (en el sentido estricto) rumbo al inmueble escolar.
El mando militar completo estaba constituido por los jefes de escuadra (incorporando posteriormente a los responsables de las mismas del tercer grupo), y el designado diariamente como oficial rotativo con la finalidad de ir adquiriendo don de mando, todos bajo las órdenes del comandante en jefe cuya responsabilidad recaía en Rubén Palafox (Horacio Arroyo).
Había asimismo una dirección política que fungía como instancia superior y estaba formada por cuatro compañeros: Roberto (Fabricio Gómez), Rubén Palafox, Eliécer (Ángel Bravo) y René (yo mismo).
Esta cúpula a la que después se agregó Cornelio evaluaba regularmente el proceso de entrenamiento, discutía y corregía inconvenientes de carácter político o militar, al tiempo que atendía cualquier emergencia y mantenía una relación permanente con el mando coreano.
Concluida la preparación político-militar recibimos por parte del coronel Mun una evaluación global y pormenorizada de cada uno de los elementos del MAR.
El primer problema serio que enfrentó la dirección fue el caso de Javier. Un día de los primeros de diciembre de 1969 y a poco menos de tres meses de haber llegado al campamento militar, Horacio Arroyo, en una reunión ex profeso, nos comunicó que Javier quería regresarse a México y enterado de la salida de Fabricio al país pedía irse con él.
Indudablemente era una deserción ¡a los tres meses del adiestramiento! Evaluamos la proposición y concluimos que por ningún motivo procedía su petición.
Aceptar significaba poner en peligro no solamente a los compañeros que estábamos entrenando sino al proyecto subversivo mismo.
Palafox le comunicó a Javier la decisión de la dirección, pero éste siguió insistiendo y juraba que guardaría absoluta discreción, enfatizaba que su salida no tendría consecuencia alguna para la organización.
Al convencerse del carácter irrevocable de la negativa a su requerimiento propuso entonces permanecer al margen de las tareas colectivas: en una palabra, quedar exento del entrenamiento.
Tampoco este propósito fue aprobado. Por razones de disciplina política y militar no podía quedarse al margen del quehacer habitual. A regañadientes tuvo que disciplinarse. Obviamente ningún recluta más supo del asunto.
Al regreso de Corea, ya en territorio nacional, la dirección permitió la separación de Javier advirtiéndole que si difundía algo que pusiera en riesgo a los miembros de Acción Revolucionaria se atuviera a las consecuencias. Por algún tiempo el muchacho estuvo bajo vigilancia y al parecer siempre guardó silencio».
Lamentablemente para ellos, poco después el gobierno los descubrió y encarceló a muchos de sus integrantes, dejando al grupo sin capacidad operativa.
Finalmente, algunos de sus integrantes que lograron escapar, se unieron a otros grupos guerrilleros, como la Liga Comunista 23 de Septiembre.
