Historia

El Palacio Negro

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Viernes 6 de noviembre de 2026

En la Ciudad de México existe un palacio que durante 76 años fue una de las cárceles más conocidas del país.

Hoy, sus antiguos pasillos resguardan documentos fundamentales para conocer la historia de México.

Se trata de la Penitenciaría de Lecumberri, inaugurada el 29 de septiembre de 1900 por el presidente Porfirio Díaz.

Su construcción había comenzado en 1885 y respondía a las ideas penitenciarias de finales del siglo XIX.

Su diseño incorporó el modelo panóptico, un sistema que permitía vigilar distintas galerías desde un punto central.

El edificio estaba organizado alrededor de un espacio central del que partían siete crujías o corredores de celdas. La intención era que los custodios pudieran observar los pasillos desde una posición estratégica.

En su inauguración fue considerada una de las penitenciarías más modernas de América Latina.

Sin embargo, con el paso del tiempo, aquel proyecto de modernidad se convirtió en un lugar marcado por el hacinamiento, la corrupción, los abusos y las malas condiciones de vida.

De ahí surgió el nombre por el que todos terminaron conociéndola: el Palacio Negro de Lecumberri.

Entre sus muros estuvieron recluidos personajes como el escritor José Revueltas, el pintor David Alfaro Siqueiros y diversos presos políticos.

También fue escenario de uno de los episodios más trágicos de la historia nacional: en 1913, Francisco I. Madero y José María Pino Suárez fueron trasladados a la parte posterior de la penitenciaría y asesinados durante la Decena Trágica.

Durante décadas, Lecumberri fue escenario de historias de encierro, fugas y resistencia.

Su funcionamiento se deterioró hasta que finalmente llegó el momento de cerrar sus puertas.

El 27 de agosto de 1976, después de 76 años de funcionamiento, la penitenciaría fue clausurada.

Los últimos internos habían salido días antes y durante un tiempo se discutió qué hacer con el enorme inmueble. Incluso hubo propuestas para demolerlo.

Sin embargo, se decidió conservarlo y darle una función completamente distinta.

En 1977 fue designado como nueva sede del Archivo General de la Nación.

Después de un proceso de remodelación y adaptación, el 27 de agosto de 1982 abrió sus puertas como el lugar encargado de resguardar una parte fundamental del patrimonio documental mexicano.

Así, las antiguas crujías y espacios de vigilancia se transformaron para albergar archivos, fotografías, mapas, expedientes y documentos que permiten reconstruir distintos momentos de nuestra historia.

Hoy, el Palacio de Lecumberri sigue en pie. Ya no funciona como prisión: es la sede del Archivo General de la Nación, una institución donde se conserva y consulta la memoria documental del país.

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