Fiel hasta la muerte


Miércoles 4 de noviembre de 2026
Tomás Mejía nació el 17 de septiembre de 1820 en Pinal de Amoles, Querétaro, en una familia de origen otomí. Desde joven destacó por sus habilidades militares y participó en la defensa de México durante la invasión estadounidense de 1846.
Profundamente católico y de convicciones conservadoras, se opuso al gobierno liberal de Benito Juárez y posteriormente apoyó el Segundo Imperio Mexicano, encabezado por Maximiliano de Habsburgo.
En 1864, durante una ceremonia de recepción al emperador, Mejía se emocionó tanto que tuvo dificultades para pronunciar su discurso. Maximiliano se acercó y le expresó que valoraba más sus sentimientos sinceros que las palabras preparadas.
Años después, el poeta Juan de Dios Peza recreó aquel encuentro atribuyéndole una promesa que se volvería célebre: «Sabré morir a su lado». Aunque no existe evidencia de que pronunciara literalmente esas palabras, su fidelidad al emperador quedó demostrada por los acontecimientos posteriores.
En 1867, cuando el Imperio estaba prácticamente derrotado, Mejía permaneció junto a Maximiliano y Miguel Miramón durante el sitio de Querétaro.
El 15 de mayo fueron capturados por las fuerzas republicanas y posteriormente condenados a muerte. Según diversos relatos, Mejía tuvo oportunidades de solicitar clemencia, pero se negó a abandonar la causa imperial.
Finalmente, el 19 de junio de 1867, los tres fueron fusilados en el Cerro de las Campanas, en Querétaro. Mejía tenía 46 años.
Su historia resulta especialmente singular porque, mientras Benito Juárez, indígena zapoteco, defendía la República, Tomás Mejía, indígena otomí, había decidido luchar por la monarquía.
Tomás Mejía pasó a la historia como un militar que permaneció fiel a sus convicciones hasta las últimas consecuencias.
La famosa promesa pudo haber sido embellecida por la literatura, pero el hecho histórico es indiscutible: murió junto al emperador al que había jurado lealtad.
