Religión

Un rito demoníaco que duró más de una hora

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Lunes 19 de octubre de 2026

El viernes 4 de octubre de 2019, a plena luz del día y de forma pública, en la sede de la Iglesia Católica, lugar donde está enterrado San Pedro y muchos otros santos y mártires, representantes de todos los estamentos eclesiales —laicos, religiosos, sacerdotes, obispos, cardenales y la máxima autoridad del Vaticano— participaron de forma activa en un acto oficial y planificado de culto a un ídolo indígena, equivalente al ídolo Astarté que Manasés introdujo en el templo de Jerusalén.


Un rito que duró más de una hora, en el que hubo:


-Erección de un altar o mesa ritual en los jardines
-Invocaciones espiritistas de una mujer revestida de ornamentos ceremoniales
-Postraciones ante dos imágenes enfrentadas y desnudas del ídolo
-Cantos y danzas de los presentes, cogidos de la mano en círculo
-Imposición de un anillo negro y un collar a quien presidía el acto
-Un rito de plantación de un árbol, en el que se mezclaron tierras traídas de distintos lugares del mundo y se postraron ante ellas, pidiendo fortalecer nuestros lazos ecuménicos con la madre tierra, mientras se interpretaron himnos solemnes acompañados de órganos y flautas


Tres días después, el 7 de octubre de 2019, en el interior de la basílica de San Pedro, concretamente delante del altar de la confesión, sobre el que está la tumba del primer Papa, se puso el mismo ídolo sobre una canoa en el suelo, junto a otros objetos como una red con los colores del arcoíris y las fotos de personas asesinadas a las que llamaban mártires.

Unas 200 personas, entre laicos, religiosos, obispos, cardenales y la máxima autoridad del Vaticano, hicieron un círculo en torno al ídolo y comenzaron un nuevo acto en el que se hizo una oración, se hizo entrega de unos objetos extraños y se inició una procesión hacia el aula Pablo VI, precedida por la cruz, entre cantos indígenas, en un ambiente impropio de un templo católico.


Llegados al aula Pablo VI, el ídolo sobre la canoa fue llevado en hombros por dos obispos hasta la sala donde se dio comienzo al sínodo de la Amazonía, y se colocó delante de la mesa presidencial.


En los siguientes días, estos ídolos fueron trasladados a la Iglesia de Santa María en Traspontina, cercana a la Basílica de San Pedro, en la que se instaló un altar o mesa ritual y otros elementos de forma permanente en el suelo de varias capillas del templo.

Cada día, durante los 23 días que duró el sínodo, se repitieron varios ritos sincréticos llamados momentos de espiritualidad amazónica, delante del altar.

En estos actos se utilizaron distintos objetos extraños al ceremonial católico, como canoas, pequeñas estatuas, imágenes de aves, la red arcoíris, etcétera.

Y en ellos participaron religiosos católicos, una sacerdotisa anglicana, laicos, indígenas amazónicos y también algún obispo.


Durante el rito, los participantes:
-Formaban un círculo en torno al ídolo
-Ofrecían los objetos sobre la mesa ritual
-Se utilizó tierra de la Amazonía
-Se descalzaron y se postraron rostro a tierra
-Se hicieron invocaciones espiritistas, cantos y danzas
-Incluso se llevó a una mujer en procesión sobre una canoa


Por si todo esto fuera poco, el 27 de octubre de 2019 tuvo lugar la misa de clausura del sínodo en la basílica de San Pedro.

La ceremonia inició con una procesión encabezada por una mujer que llevaba en sus manos una planta ritual, maíz y frijol, que fue plantada al inicio del sínodo y que simboliza el equilibrio entre lo masculino y lo femenino, entre las energías del cuerpo y del espíritu.

Durante el ofertorio se llevó al altar esta planta después del pan y del vino, y quien presidía la ceremonia la recibió en sus manos e indicó que se pusiera encima del altar, donde permaneció hasta el final del acto.

Estos mismos ritos se repitieron en los siguientes meses en templos y diócesis de todo el mundo.


Negar que estos fueron actos de idolatría que supusieron la profanación de la basílica de San Pedro y de muchos otros templos, y la instalación de la abominación en el lugar santo (Daniel 9:27 y Mateo 24:15), solo puede ser resultado de un intento perverso de ocultar, o de no querer asumir las consecuencias de un pecado abominable, como nunca antes se ha dado en la historia de la Iglesia Católica.

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