Sociedad

VUELVE MAESTRO, VUELVE…

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Domingo 11 de octubre de 2026

Cuando yo era pequeño, las clases comenzaban la primera semana de septiembre y terminaban la primera o segunda semana de junio. Teníamos un feriado largo para Semana Santa, las vacaciones de invierno en diciembre y dos meses de vacaciones.

Las fiestas patrias se celebraban el mismo día y, si era domingo, el viernes anterior. Ensayábamos con mucha alegría.

Había algo raro también: los maestros no se enfermaban. No recuerdo que faltaran tres o cuatro días seguidos y si así ocurría, nos dividían en grupos con los maestros de los otros salones.

Si el maestro te regañaba, no te convenía decir nada en casa, porque seguramente te volvían a regañar y, además, te daban otro castigo.

Ni la lluvia impedía que faltáramos a la escuela, porque era como nuestra segunda casa. Siempre daban ganas de ir.

Al maestro se le respetaba; era como si te hablaran tus propios padres.

Durante el recreo, los maestros tomaban café en la dirección y no necesitaban estar vigilándonos todo el tiempo en el patio, porque sabíamos qué podíamos hacer y qué no. A lo mucho, ocurría una rodada, una raspada jugando en la cancha y no pasaba nada.

Era un honor llevar y traer el libro de registro, buscar el mapa mundial en la dirección, pedir los gises o tocar la campana. Nos turnábamos para borrar el pizarrón y sacudir los borradores. También era un honor llegar temprano.

Cuando alguien cumplía años, lo hacían pasar adelante y toda la escuela le cantaba.

¡Qué alegría enorme era contarle a mamá: “¡Fuimos a la bandera!”

Jugábamos a la cuerda, al tumba burros, al bebé leche… Tomábamos distancia en la fila y aprendíamos, poco a poco, a respetar reglas y responsabilidades.

Nos enseñaban que Hidalgo, Morelos y Allende hicieron grande a la patria, y que Colón descubrió América buscando las Indias.

No sé cuándo los próceres pasaron a ser considerados genocidas. No sé cuándo los maestros comenzaron a enfermar tanto que necesitaban un suplente y el suplente, a su vez, otro suplente.

¿Desde cuándo los padres y abuelos comenzaron a agredir a los maestros? ¿Desde cuándo los mismos alumnos sacan su furia contra ellos?

¿Cuándo fue que revisar una cabeza pasó de ser un acto de salubridad a considerarse discriminación?

¿Cuándo un acto patrio se convirtió simplemente en un día feriado?

No sé cuándo se fue perdiendo la escuela como institución, cuándo se fueron debilitando los valores y el respeto, cuándo el maestro dejó de ser visto como una figura fundamental en la formación y la enseñanza.

Si esto es el progreso… perdón, señores, pero yo no lo quiero.

Tal vez no todo tiempo pasado fue mejor. Seguramente había cosas que también debían cambiar. Pero hay algo que sí deberíamos recuperar: el respeto, la responsabilidad, el amor por la escuela, el orgullo de aprender y la dignidad de ser maestro.

(Tomado de redes sociales)

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