Historia

El Batallón de San Patricio

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Martes 15 de septiembre de 2026

En 1846, mientras el ejército de Estados Unidos avanzaba sobre territorio mexicano, comenzó a producirse un hecho insólito en las filas invasoras.

Soldados extranjeros, principalmente irlandeses, pero también alemanes, polacos y de otras procedencias, abandonaron el ejército estadounidense y pasaron a combatir por México.

Entre los primeros y más destacados estuvo John O’Reilly, quien terminaría al frente de los hombres que formarían el célebre Batallón de San Patricio.

Para muchos de aquellos hombres, la decisión tuvo un motivo profundamente ligado a su fe católica.

Eran inmigrantes que habían llegado a Estados Unidos huyendo de la pobreza y, en el caso de muchos irlandeses, de las terribles consecuencias de la Gran Hambruna iniciada en 1845.

En las filas estadounidenses se encontraron además con prejuicios contra los católicos y con una sociedad en la que el protestantismo tenía una posición dominante.

Pero fue al entrar en México cuando la guerra adquirió para ellos un significado todavía más profundo.

Ante sus ojos aparecieron iglesias saqueadas, objetos sagrados robados y templos profanados por las tropas invasoras.

Para los irlandeses, profundamente marcados por una historia de dominación británica y persecución religiosa, contemplar el atropello de la fe de otro pueblo católico resultó especialmente doloroso.

El gobierno mexicano aprovechó aquel descontento y llamó a los soldados extranjeros a abandonar las filas estadounidenses.

Se les ofrecieron tierras, ciudadanía, mejores condiciones y ascensos para quienes se incorporaran a la defensa de México.

Así nació el Batallón de San Patricio, llamado en honor de San Patricio, patrono de Irlanda.

Bajo un estandarte verde, adornado con el arpa irlandesa, la inscripción «Erin Go Bragh» —«Irlanda por siempre»— y la imagen del santo, aquellos hombres marcharon junto al ejército mexicano.

Pronto demostraron su habilidad militar, especialmente como artilleros.

Combatieron en Monterrey, La Angostura y Cerro Gordo, pero sería en Churubusco, el 20 de agosto de 1847, donde su nombre quedaría escrito para siempre en la historia de México.

Aquel día, el antiguo convento de Santa María de los Ángeles de Churubusco, convertido en posición defensiva, se transformó en un campo de batalla.

Los mexicanos, junto con los San Patricios, resistieron los ataques del ejército estadounidense durante horas.

Tres ofensivas fueron rechazadas, mientras los cañones y fusiles respondían desde el convento y sus fortificaciones.

Los hombres continuaron combatiendo hasta que ya no fue posible sostener la posición. Finalmente, Churubusco cayó.

Los San Patricios capturados recibieron un castigo mucho más severo que el de un prisionero ordinario.

Para las autoridades estadounidenses eran desertores, hombres que habían abandonado su ejército para tomar las armas contra él.

Muchos fueron sometidos a consejos de guerra y condenados a muerte.

Entre el 10 y el 13 de septiembre de 1847, decenas fueron llevados al cadalso y ahorcados.

A otros se les impusieron azotes y fueron marcados con hierro candente con la letra «D», por desertor.

El 13 de septiembre, mientras las tropas estadounidenses combatían por Chapultepec, algunos de los condenados fueron mantenidos frente al campo de batalla hasta que la bandera de Estados Unidos apareció sobre el Castillo.

Entonces llegó la orden de ejecutarles.

Honor eterno a estos bravos guerreros que combatieron por una patria que los abraza y adopta

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