Feminista Jamás


Sábado 5 de septiembre de 2026
Por Elena Ferrer Beltrán
Hay algo que dijeron algunas mujeres antisufragistas hace más de cien años que me resulta bastante curioso e interesante.
Cuando se empezó a pelear por el voto femenino, hubo mujeres que estuvieron en contra, y uno de sus argumentos era que votar no solamente significaba tener derechos, también significaba asumir ciertas responsabilidades.
Entre ellas, algo que hoy nos parece completamente normal: ser parte de un jurado y tener que decidir sobre la culpabilidad de otra persona.
Y algunas de esas mujeres tenían una preocupación muy concreta y justificada: que las mujeres podían ser demasiado sentimentales, demasiado compasivas o demasiado propensas a ponerse en el lugar del acusado.
En otras palabras: que podían terminar sintiendo tanta empatía por el acusado que, en lugar de juzgar lo que hizo, terminarían buscando razones para perdonarlo.
Y creo que quizá estaban señalando algo que seguimos viendo hoy: la empatía puede convertirse en una forma de justificar lo injustificable.
Personalmente creo que las mujeres caemos en esto con bastante frecuencia cuando la persona que cometió el crimen es otra mujer (aclaro, no es mi caso).
Un ejemplo bastante claro para mí es Lindsay Clancy, una mujer que mató a sus tres hijos. Su defensa no negó que ella hubiera provocado las muertes, lo que sostuvo fue que sufría una grave psicosis posparto y que, por su estado mental, no debía ser considerada responsable de sus actos.
Eso se puede discutir legalmente. Lo que me interesa es lo que pasó fuera del tribunal. Porque había muchísimas mujeres intentando explicar lo que hizo.
Que estaba enferma. Que sufría. Que nadie la ayudó. Que los medicamentos. Que los médicos. Que el posparto. Que el esposo. Que el sistema de salud.
Y aquí es donde hago una pregunta bastante incómoda: Habríamos visto la misma cantidad de comprensión si Lindsay hubiera sido un hombre?
Si hubiera sido un hombre quien mató a sus tres hijos y después se hubiera argumentado que sufría una enfermedad mental; cuántas de esas mismas mujeres estarían diciendo “pobrecito, estaba enfermo, él también es una víctima”?
¿O estarían diciendo que era un monstruo y que la enfermedad mental no era excusa?
Porque esa es precisamente la parte que me hace pensar en el argumento de aquellas antisufragistas.
Una cosa es decir: Entiendo que estaba enferma y quiero saber qué le pasó.
Y otra muy diferente es: Como estaba enferma, entonces de alguna manera lo que hizo es comprensible y justificable.
No. Puedes entender perfectamente por qué alguien hizo algo y seguir pensando que lo que hizo fue terrible.
Comprender no significa perdonar. Explicar no significa justificar. Sentir empatía no significa quitar responsabilidad.
Y creo que ahí es donde a veces nos pasamos de la raya, porque cuando una mujer comete algo terrible, parece que existe una necesidad enorme de encontrarle una explicación favorable y muchas veces esa explicación termina convirtiéndose casi en una defensa moral.
Es que sufrió. Es que estaba enferma. Es que era víctima. Es que el esposo no la ayudó. Es que los doctores no la escucharon, bla bla bla.
Y si, puede ser, pero también puede ser que una persona haya sufrido muchísimo, haya estado enferma y aun así haya hecho algo horrible que no se puede justificar.
Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
Y lo que me parece todavía más interesante es que el jurado del caso Clancy estuvo formado por 9 mujeres y 3 hombres. Después de siete días de deliberaciones no pudieron ponerse de acuerdo y el juicio terminó en un juicio anulado.
La defensa dijo que la votación estaba 11 contra 1 a favor de declarar a Clancy no culpable por razón de insanidad y que el único que se oponía era un hombre. El juez se negó a quitarlo y finalmente el jurado quedó sin poder llegar a un veredicto.
No sabemos exactamente qué votó cada persona porque las deliberaciones son privadas, así que no voy a inventar que fue lo que voto cada uno de los 11 jurados.
Pero la situación, por sí sola, me parece suficiente para hacerme esta pregunta.
¿Realmente es tan descabellado pensar que nuestro sexo, nuestra identificación con otras personas y nuestras emociones pueden influir en la manera en que juzgamos a alguien?
Yo no tengo una respuesta definitiva. Pero sí tengo una opinión.
Y mi opinión es que las mujeres tendemos mucho más de lo que queremos admitir a justificar a otras mujeres. No todas. No siempre.
Y tampoco digo que los hombres sean seres perfectamente objetivos, porque eso sería ridículo y este caso también nos lo muestra.
Pero sí creo que existe una especie de “yo entiendo por qué lo hizo” que aparece con mucha facilidad cuando estamos hablando de otra mujer.
Y a veces esa empatía es bonita e incluso necesaria, pero a veces es bastante peligrosa.
Porque cuando la persona que cometió el crimen es una mujer, podemos terminar viendo primero a la mujer que sufrió, a la madre, a la esposa, a la enferma, a la víctima y solamente después vemos a la persona que cometió el crimen.
Y eso me hace volver al argumento de aquellas antisufragistas.
Y todo esto me hace pensar que quizá no estaban completamente equivocadas al preocuparse por algo mucho más humano: que cuando sentimos demasiado por alguien, podemos dejar de juzgar lo que hizo y empezar a buscar excusas para no condenarlo.
Y eso no es una cuestión de política, ni de feminismo, ni siquiera necesariamente de hombres contra mujeres.
Es una pregunta sobre nosotras mismas: ¿Qué tanto podemos ser realmente imparciales cuando vemos a alguien que se parece a nosotras, que vive lo que nosotras vivimos o con quien podemos identificarnos?
Porque una cosa es tener empatía, y otra muy diferente es permitir que la empatía decida por nosotras.
Y quizá esa diferencia sea mucho más importante de lo que estamos dispuestas a admitir.

