Esteban Arce y su conversión


Sábado 5 de septiembre de 2026
Durante años, Esteban Arce fue uno de los rostros más conocidos de la televisión mexicana. Su nombre quedó asociado a programas como El Calabozo, Trapitos al sol y Cotorreando, espacios que le dieron enorme popularidad y lo introdujeron en un mundo de fama, éxito y exposición pública.
Sin embargo, detrás de los reflectores se estaba produciendo un progresivo alejamiento de la fe que había recibido desde niño.
Arce nació en la Ciudad de México y fue educado en colegios maristas. Según su propio testimonio, siempre fue católico, pero llegó un momento en que comenzó a introducirse en ambientes que lo hicieron apartarse de Dios.
Él mismo reconoce que tenía formación religiosa, pero que su camino espiritual se fue desviando hasta encontrarse “muy lejos de Dios”.
Su esposa, Nieves Santisteban, sería fundamental en el proceso de regreso. Mientras Esteban alcanzaba cada vez mayor fama, su matrimonio atravesaba momentos difíciles.
Nieves comenzó a rezar diariamente el Santo Rosario pidiendo a la Virgen María que recuperara a su esposo.
En su propio relato, recuerda que llegó a ponerse de rodillas para suplicarle: “Te ruego, regrésame a mi marido, ya no lo reconozco”.
Nieves relaciona aquella perseverancia con un cambio que observó en Esteban. Un día, él regresó a casa y le pidió perdón.
Según el testimonio de su esposa, le dijo: “Perdóname, no sé qué sucedió en mi vida, pero de ahora en adelante, mi familia y mi hijo serán lo más importante”.
Poco después, Esteban volvió a asistir a Misa y terminó renunciando a El Calabozo.
Para Nieves, sin embargo, aquella primera vuelta todavía no sería el final de la historia. Esteban continuó trabajando en medios de comunicación y posteriormente participó en otros programas.
Ella siguió rezando por él y, después de conocer la espiritualidad de Medjugorje, incorporó también el ayuno a sus oraciones.
En 2005 realizó su primera peregrinación a ese lugar y decidió ofrecer un ayuno semanal por la conversión de su esposo.
La historia dio entonces un giro inesperado. Nieves invitó a Esteban a realizar un viaje por Europa, pero él no sabía que el destino principal sería Medjugorje.
Según su testimonio, Esteban inicialmente se resistía y decía que todo aquello era mentira. Sin embargo, circunstancias del viaje hicieron que terminara permaneciendo allí.
Fue durante aquella estancia cuando, según el relato de Esteban y de su esposa, ocurrió una experiencia que lo impresionó profundamente.
En las inmediaciones de un lugar de oración, presenció el comportamiento de una joven que, según su interpretación, estaba sufriendo una manifestación demoníaca.
Lo que más lo impactó fue que la joven, en medio del episodio, habría pronunciado su nombre: “¿Y tú qué haces aquí, Esteban?”.
No existe aquí una declaración eclesiástica que permita presentar aquel episodio como un hecho sobrenatural oficialmente reconocido.
Lo importante es que Esteban lo vivió como una experiencia decisiva para su propia conversión.
Después de aquello comenzó a participar activamente en las prácticas religiosas que hasta entonces cuestionaba: rezó el Rosario, se consagró a la Virgen y profundizó en su vida espiritual.
Años después, Esteban explicó que la fama había terminado convirtiéndose para él en una especie de prisión interior.
Por eso utilizó una expresión particularmente fuerte al describir aquella etapa: estaba viviendo en un “calabozo de fama y éxito”.
La misma imagen fue retomada por su esposa para explicar que no se trataba solamente del programa de televisión, sino de todo un ambiente que, desde su perspectiva, lo había alejado de lo verdaderamente importante.
En una entrevista publicada por Aleteia, Esteban fue todavía más directo al hablar de aquella transformación.
Reconoció que su madre, su abuela y su esposa habían pedido mucho por él y que finalmente pudo “abrir los ojos” y comprender que aquel no era el camino que debía seguir.
“De ahí no vengo y para allá no voy”, afirmó al recordar el momento en que decidió cambiar de rumbo.
También atribuyó a su esposa un papel extraordinario en su transformación. Al preguntarle qué significaba Nieves para él, respondió que había sido una mujer que lo ayudó y lo formó, y afirmó: “Sin ella no hubiera podido transformar mi vida”.
Además, destacó que ella había permanecido detrás de él acompañándolo con sus oraciones.
La propia Nieves cuenta que su perseverancia en la oración no terminó con el primer cambio de Esteban. Continuó rezando el Rosario y ofreciendo sacrificios por él.
Incluso otras personas que conocieron su situación se unieron a sus oraciones durante la peregrinación a Medjugorje.
Para ella, la historia de su matrimonio se convirtió en un testimonio de la importancia de perseverar en la oración por las personas que se han alejado de Dios.
La vida de Esteban Arce tomó posteriormente una dirección distinta. Él comenzó a hablar públicamente de la fe, la familia y sus convicciones católicas, interpretando su trabajo en la comunicación como un don que debía poner al servicio de aquello que consideraba importante.
“Dios me dio el don de comunicarme”, explicó, entendiendo esa capacidad como una misión para transmitir el respeto a Dios, la familia y la vida.
Lo más llamativo de esta historia quizá no sea que un personaje famoso haya cambiado de opinión, sino el camino que él mismo describe: una fe recibida en la infancia, años de alejamiento, una esposa que perseveró en el Rosario, el descubrimiento de que el éxito no llenaba el vacío interior y, finalmente, un regreso consciente a Dios.
Esteban Arce llegó a describir su antigua vida como un “calabozo de fama y éxito”. Y detrás de aquella salida, según su propio testimonio y el de su esposa, hubo algo mucho menos visible que las cámaras y los reflectores: una mujer que durante años siguió poniéndose de rodillas para rezar por su esposo.
Porque algunas batallas espirituales no se libran frente a un escenario ni ante miles de espectadores. Se libran en silencio, en la intimidad de un hogar, mientras alguien sostiene un Rosario entre sus manos y confía en que Dios todavía puede tocar el corazón de la persona que ama.

