Sociedad

Disney vuelve a decir: damas y caballeros y se acabó el todes

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Miércoles 2 de septiembre de 2026

Disney entra en otra era. El nuevo director ejecutivo, Josh D’Amaro, ya movió dos fichas que encendieron la red: en parques y saludos vuelve a escucharse “ladies and gentlemen” —damas y caballeros, niños y niñas— y la compañía anunció el recorte de unos 1.000 puestos para agilizar la operación.

Lo que la gente está leyendo no es solo un memo de empresa. Es esto: se cae el lenguaje neutro. Se acabó disfrazar hombre y mujer detrás de un elle, un todes o un dreamers of all ages para no decir lo obvio. Señor. Dama. Caballero. Hombre y mujer.

La frase que resume el giro es contundente:

“Damas y caballeros.” No “todes”. No “personas”. Damas y caballeros.

Porque durante años Disney entrenó a su gente para no saludar así. Lo vendieron como inclusión. En la práctica, muchos padres lo vivieron como un borrado: si no puedes decir niño y niña en el lugar más familiar del planeta, el problema ya no es el saludo. Es la brújula.

Quienes celebran el cambio lo ven como sentido común atrasado. Una empresa que vive de familias no puede hablarle a los niños como si mamá y papá, niño y niña, dama y caballero fueran palabras peligrosas.

Desde esta orilla, recuperar el lenguaje de toda la vida no es odio. Es dejar de jugar con la cabeza de la audiencia. Si hay dos sexos, el idioma no tiene que hacer gimnasia para esconderlos.

Los despidos, aunque la compañía los explica como recorte operativo —marketing, TV, ESPN, producto y áreas corporativas—, se leen en ese mismo clima: menos estructura inflada, menos pose, más negocio y más conexión con el público que compra el boleto.

Quienes lo rechazan dicen que volver a “damas y caballeros” excluye, que el saludo neutro no le hacía daño a nadie y que mezclar un recorte de mil empleos con un giro cultural es usar a la gente como bandera. Para ellos, inclusión no era ideología. Era respeto.

Pero aquí está el choque. Una cosa es tratar bien a todo el mundo. Otra es reescribir el idioma para que un niño no oiga las palabras con las que nació el mundo: hombre y mujer.

Por eso la verdadera discusión no es un monorriel de Orlando:

¿Una marca familiar debe hablar claro —señor, dama, caballero— o debe adoptar un lenguaje neutro para no “dejar a nadie fuera”?

Porque el lenguaje no es adorno. Ordena la cabeza. Si en Disney ya no hay damas y caballeros, mañana tampoco los hay en la escuela, en el hospital ni en la casa. Y hay quienes ya no compran esa película.

Por eso este giro revienta. No por mil despidos solos. Porque toca lo que muchos estaban esperando oír otra vez: hay hombres y hay mujeres. Y no es odio decirlo.

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