Religión

FEDERICO GARCÍA LORCA, ANARCOCATÓLICO

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Jueves 20 de agosto de 2026

Por Monseñor Jaime Mercant Simó

Federico García Lorca fue uno de los grandes escritores que ha tenido España, cuyo vergonzoso asesinato es una de las manchas de nuestra historia.

Asimismo, su figura ha sido muy politizada incluso por gente que desconoce su vida y obra. Al respecto, muchos de éstos no saben cuál era su pasión por el catolicismo español.

Pese a su pensamiento libre y heterodoxo, García Lorca no podía evitar, por ejemplo, entrar en una iglesia cuando paseaba o hablar con fervor de Jesucristo y de las imágenes de las Vírgenes de su querida Andalucía. Por esta razón, cuando sus amigos laicistas le escuchaban, él terminaba confesando ante todos: «¡Soy anarcocatólico!»

De hecho, Federico es el autor de una de las alabanzas más grandes que se han hecho de la liturgia católica, en especial de la celebrada en España.

Al respecto, cuando viajó a Nueva York en 1929, visitó varios templos protestantes y éste fue su categórico y fulminante dictamen:

«He asistido también a oficios de diferentes religiones y he salido dando vivas al portentoso, bellísimo, sin igual catolicismo español. No digamos nada de los cultos protestantes. No me cabe en la cabeza (en mi cabeza latina) cómo hay gentes que pueden ser protestantes. Es lo más ridículo y lo más odioso del mundo».

Por otro lado, aquí vemos el elogio del «cura andaluz» y también de Felipe II y de la histórica lucha «racial» antiprotestante:

«Figuraos vosotros una iglesia que en lugar de altar mayor haya un órgano y delante de él un señor de levita (el pastor) que habla. Luego todos cantan, y a la calle. Está suprimido todo lo que es humano y consolador y bello, en una palabra. Aun el catolicismo de aquí es distinto. Está minado por el protestantismo y tiene esa misma frialdad. Esta mañana fui a ver una misa católica dicha en inglés. Y ahora veo lo prodigioso que es cualquier cura andaluz diciéndola. Hay un instinto innato de belleza en el pueblo español y una alta idea de la presencia de Dios en el templo. Ahora comprendo el espectáculo fervoroso, único en el mundo, que es una misa en España. La lentitud, la grandeza, el adorno del altar, la cordialidad en la adoración del Sacramento, el culto a la Virgen, son en España de una absoluta personalidad y de una enorme poesía y belleza. Ahora comprendo también aquí, frente a las iglesias protestantes, el porqué racial de la gran lucha de España contra el protestantismo y de la españolísima actitud del gran rey injustamente tratado en la historia, Felipe II».

Finalmente, aquí podemos leer la importancia que él da al culto latreutico y de las formas exquisitas, de la hidalguía obligada con Dios:

«Lo que el catolicismo de los Estados Unidos no tiene es solemnidad, es decir, calor humano. La solemnidad en lo religioso es cordialidad, porque es una prueba viva, prueba para los sentidos de la inmediata presencia de Dios. Es como decir: Dios está con nosotros, démosle culto y adoración. Pero es una gran equivocación suprimir el ceremonial. Es la gran cosa de España. Son las formas exquisitas, la hidalguía con Dios… España es el único país fuerte y vivo que queda en el mundo».

Siempre recordaré a Federico por estas sublimes palabras, que trascienden el alma y contienen la esencia del catolicismo.

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