El funeral de Kennedy


Sábado 15 de agosto de 2026
Tres días después del asesinato de su esposo, Jacqueline Kennedy insistió en que los líderes mundiales caminaran por las calles de Washington
Tras la tragedia de Dallas, los servicios de seguridad exigían la máxima precaución. El asesinato del presidente todavía no se comprendía por completo, el país seguía conmocionado y a Washington comenzaban a llegar presidentes, monarcas y primeros ministros de todo el mundo.
Sin embargo, Jacqueline Kennedy no quería que el funeral se convirtiera en una ceremonia cerrada, oculta detrás de vehículos blindados.
Quería que los dignatarios extranjeros caminaran junto a la familia por las calles abiertas, desde la Casa Blanca hasta la catedral de San Mateo.
Entre los participantes de la procesión estaban el presidente francés Charles de Gaulle, el emperador etíope Haile Selassie, el príncipe Felipe y muchas otras figuras destacadas.
Para los responsables de seguridad, la idea parecía extremadamente arriesgada. Apenas unos días antes, el presidente había sido asesinado durante un recorrido público. Pero Jacqueline se mantuvo firme.
Entendía que una comitiva con los líderes del mundo escondidos dentro de automóviles podía transmitir miedo y retirada. Caminar a la vista de todos debía mostrar dignidad, unidad y fortaleza frente a la tragedia.
También preparó la ceremonia con una atención extraordinaria a cada detalle.
Por petición suya, se estudiaron los registros del funeral de Abraham Lincoln de 1865. De allí surgieron elementos como los crespones negros, el solemne carruaje funerario y el caballo sin jinete, con las botas colocadas al revés en los estribos.
No fue simplemente una expresión espontánea de dolor. Fue una imagen histórica cuidadosamente construida por una viuda de 34 años que, en medio de una devastación personal, comprendía perfectamente qué escenas quedarían grabadas en la memoria de generaciones enteras.
Jacqueline Kennedy no podía cambiar lo que había ocurrido. Pero sí podía decidir cómo el mundo despediría a su esposo: no desde el pánico, sino desde la dignidad.

