Religión

San Cristóbal y el Niño

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Viernes 7 de agosto de 2026

Se cuenta que, después de convertirse al cristianismo, san Cristóbal deseaba servir a Nuestro Señor.

Aprovechando su imponente estatura y su extraordinaria fuerza, se dedicó a ayudar a los viajeros a cruzar un caudaloso río.

Para ello levantó una pequeña choza junto a la orilla y, desde entonces, consagró sus días a transportar sobre sus hombros a todos aquellos que necesitaban atravesar aquellas peligrosas aguas.

Cierto día escuchó la voz de un hermoso niño, de unos cuatro años de edad, que le pedía ayuda para cruzar el río.

Con ternura, san Cristóbal lo tomó sobre uno de sus hombros y, apoyándose en su bastón, comenzó a internarse en la corriente.

Pero, para su asombro, a medida que avanzaba por el torrente, el Niño se volvía cada vez más pesado.

Pronto el peso se hizo tan enorme que san Cristóbal comenzó a temer por su vida y por la del pequeño, pues apenas podía mantenerse en pie y la fuerza de la corriente parecía dispuesta a arrastrarlos en cualquier momento.

Entonces, con gran esfuerzo, exclamó:

—«¿Quién eres, Niño, que pesas tanto? ¡Parece que llevo sobre mis hombros el mundo entero!»

El Niño le respondió:

—«No solo llevas sobre tus hombros al mundo entero, sino también a Aquel que lo creó. Me has servido cada vez que ayudabas a los pobres a cruzar este río, porque cuanto hacías por ellos, lo hacías por Mí. Peso más que el mundo entero, pues Yo soy su Creador. Yo soy Cristo. Me buscabas y, al fin, me has encontrado.»

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