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No debía haber sido portero


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Domingo 7 de junio de 2026

Jorge Campos no debería haber sido portero… o al menos eso era lo que muchos pensaban.

Medía apenas 1.68 metros en una posición donde los equipos solían buscar jugadores mucho más altos. Sin embargo, terminó convirtiéndose en uno de los futbolistas mexicanos más reconocibles de su generación.

Y no fue solamente por sus atajadas. Era el portero de los uniformes llenos de colores que destacaban en cualquier cancha. Diseños en los que él mismo participaba y que con el tiempo se convirtieron en una de las imágenes más recordadas del fútbol de los años noventa.

Pero había algo más, Jorge Campos no se limitaba a defender la portería. También podía jugar como delantero.

A lo largo de su carrera marcó decenas de goles como profesional e incluso anotó 14 en una sola temporada con Pumas, una cifra difícil de imaginar para alguien cuya posición principal era la de guardameta.

Con la Selección Mexicana disputó tres Copas del Mundo en 1994, 1998 y 2002 y formó parte del equipo que conquistó la Copa Confederaciones de 1999, el mayor título internacional obtenido por México hasta entonces.

Su estilo de juego, su personalidad y su imagen hicieron que fuera fácilmente identificado por aficionados de todo el mundo.

Mientras muchos futbolistas pasaban desapercibidos fuera de sus países, Jorge Campos era uno de esos jugadores que podías reconocer con solo verlo unos segundos.

Un portero que parecía delantero. Un futbolista de baja estatura en una posición dominada por jugadores más altos. Y una imagen que terminó convirtiéndose en parte de la historia del fútbol mexicano.

Por eso, décadas después, Jorge Campos sigue siendo uno de los nombres más icónicos que ha dado México al fútbol.

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