La soledad


Viernes 29 de mayo de 2026
La soledad no es algo malo; es algo necesario.
Es aquí donde llegamos a conocernos a nosotros mismos; y nadie llega a conocer a Dios si antes no conoce su propio estado de miseria.
Para ver el rostro de Dios, primero debes verte a ti mismo cara a cara. Quién eres realmente: eres polvo, eres carne que se muere y con el tiempo se pudre, no eres más que un correr tras el viento.
Morirás; todo cuanto posees pasará a ser de otro; todo esfuerzo, logro, y reconocimiento dejarán de existir y, con el tiempo, incluso la memoria de ti dejará de ser.
¿Por qué te afanas tanto hombre vano, si la tumba dónde irás a parar, no hace distinción entre rico y pobre, fuerte y débil, sabio y tonto, santo e insensato?
Este es el lugar al que pocos se aventuran y del cual, de aquellos que lo encuentran, pocos con vida salen de él.
Nada más frío que la soledad; nada más cálido, pues allí la luz de Dios brilla con mayor intensidad.
¡Bendita soledad, pues ahí el Sol de Justicia resplandeció sobre mi oscuridad!

