Sociedad

Una agenda inhumana


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Domingo 26 de abril de 2026

– Shanti De Corte (Bélgica): a los 17 años, sobrevivió (ilesa) al atentado terrorista de ISIS que dejó 32 muertos el 22 de marzo de 2016 en el aeropuerto de Bruselas, en Zaventem.

El suceso le provocó un trastorno de estrés postraumático. Fue internada en varias ocasiones en unidades psiquiátricas estatales y sometida a una fuerte medicación.

Con el apoyo de sus padres, en 2022 dos psiquiatras aprobaron su solicitud de eutanasia.

En mayo de ese año, a los 23 años, Shanti fue sometida a eutanasia mediante inyección letal en presencia de su familia.

– Milou Verhoof (Países Bajos): fue violada a los 13 años, lo que derivó en una depresión postraumática.

Sus padres la internaron en una unidad psiquiátrica estatal, donde fue nuevamente abusada sexualmente.

Sus propios padres contactaron a un psiquiatra dispuesto a practicarle la eutanasia (suicidio asistido).

El 2 de octubre de 2023, Milou recibió la eutanasia a la edad de 17 años en la habitación de su infancia, con las uñas pintadas, ataviada con un vestido de gala y calzando tacones altos.

– Noelia Castillo Ramos (España): a los 13 años, sus padres se divorciaron y atravesaban una situación de inestabilidad económica; por consiguiente, el Estado asumió la tutela legal de Noelia y la internó en un centros de menores.

En 2022, mientras se encontraba bajo la tutela estatal, fue víctima de una violación grupal. Esto le provocó una depresión postraumática, lo que la llevó a intentar suicidarse lanzándose desde un quinto piso. Sobrevivió, pero quedó con lesiones graves.

Con el apoyo de su madre, pero en contra de los deseos de su padre, solicitó la eutanasia en 2024.

Tras casi dos años de litigios, se le practicó la eutanasia a los 25 años de edad. El hospital que presionó para que se le practicara la eutanasia recibió la donación de sus órganos.

En cada caso, se trata de mujeres jóvenes que, en su mayoría, gozan de salud física, pero sufren mentalmente. ¿Y qué hace el Estado? En lugar de curarlas, las mata.

Los padres y el Estado, las principales autoridades moralmente obligadas a protegerlas, les fallan y, al final, para lavarse las manos, se deshacen de ellas bajo el pretexto de una «muerte digna».

Esto es inmoral. Esto es perverso. Esto es, francamente, diabólico.

Hay una agenda en marcha en Occidente, en particular en Europa: la reducción y sustitución de la población.

Por eso, el suicidio se ensalza como una virtud y nuestros doctores se están convirtiendo en nuestros verdugos.

La pregunta clave es: ¿quién está detrás de esta agenda inhumana y anticristiana?

La respuesta es simple: los promotores de la cultura anticristiana: masones, judíos y globalistas.

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