El diente de Lumumba


Lunes 13 de abril de 2026
Fue primer ministro durante 66 días. En ese tiempo, cambió la historia. Y fue asesinado por ello. Tomó 60 años para que la CIA y Bélgica admitieran lo que hicieron.
El 30 de junio de 1960, frente al rey Balduino de Bélgica, Patrice Lumumba pronunció un discurso no programado que selló su destino.
Recordó que la independencia del Congo se había ganado «con lágrimas, fuego y sangre» tras 75 años de dominio colonial. Time lo llamó «ataque vicioso». Occidente lo marcó como enemigo esa misma tarde.
Heredó el caos desde el día uno. A los 5 días, el ejército se amotinó. A los 11, Katanga —la provincia con el 70% de los minerales del país— se separó con apoyo belga. Bélgica envió 6.000 soldados sin permiso. Lumumba gobernaba un país que se desintegraba en tiempo real.
La CIA lanzó la operación encubierta más grande de su historia hasta entonces: entre 90 y 150 millones de dólares actuales para destruirlo.
El químico Sidney Gottlieb viajó al Congo con un veneno diseñado para su cepillo de dientes. El plan falló solo porque el agente se negó a ejecutarlo. Allen Dulles admitiría después: «sobrevaloramos el peligro soviético».
El 14 de septiembre, Joseph Mobutu, su antiguo aliado, vinculado a la CIA, dio un golpe de Estado.
Lumumba quedó prisionero en su propia casa. Intentó huir, fue capturado el 1 de diciembre y enviado a Katanga, territorio de sus enemigos. Era una sentencia de muerte firmada por el ministro belga d’Aspremont Lynden.
El 17 de enero de 1961, a los 35 años, fue fusilado junto a dos aliados por un pelotón comandado por oficiales belgas.
Su cuerpo fue desenterrado, cortado con una sierra y disuelto en ácido sulfúrico.
El comisario belga Gerard Soete guardó dos dientes como trofeo.
Pasaron 60 años. En 2002, Bélgica pidió disculpas formales. En 2022, devolvió el único resto que quedaba: un diente con corona de oro.
En 2025, pidieron juzgar al último implicado vivo, de 93 años. La verdad llegó. Lumumba, no.

