Un mexicano en el Titanic


Domingo 12 de abril de 2026
El 15 de abril de 1912, el RMS Titanic se hundió en el Atlántico Norte durante su viaje inaugural de Southampton a Nueva York.
Había chocado con un iceberg la noche del 14 de abril a las 11:40 p.m. y, menos de tres horas después, el barco considerado insumergible, desapareció bajo el agua.
A bordo viajaban más de 2,200 personas; murieron alrededor de 1,500. La mayoría de los sobrevivientes pertenecían a primera clase, lo que evidenció las diferencias sociales incluso en una tragedia.
La falta de botes salvavidas suficientes y protocolos adecuados provocó cambios inmediatos en las normas de seguridad marítima a nivel internacional.
Entre los pasajeros iba un mexicano: Manuel Uruchurtu Ramírez, abogado y político, de 40 años. Viajaba en primera clase y murió en el hundimiento.
Su historia quedó marcada por un relato que se ha repetido durante décadas: que cedió su lugar en un bote salvavidas a una mujer. Aunque este detalle no está completamente comprobado, su presencia en el Titanic sí está documentada.
En ese mismo periodo, México vivía un momento crítico. En 1911, Porfirio Díaz había renunciado después de más de 30 años en el poder.
Para 1912, el país estaba en plena inestabilidad política: levantamientos armados, disputas por el poder y un sistema que comenzaba a fracturarse.
El Titanic representaba la confianza en el progreso industrial y la tecnología de principios del siglo XX.
México, al mismo tiempo, mostraba los límites de un modelo político que también parecía sólido, pero que ya no podía sostenerse.
Ambos momentos ocurrieron casi al mismo tiempo. Uno en el océano, otro en tierra. Los dos marcaron el inicio de cambios profundos que redefinirían su contexto en los años siguientes.

