El lado oscuro de Cantinflas


Jueves 26 de marzo de 2026
El personaje de Cantinflas se distinguía por ser un joven simpático capaz de provocar carcajadas aun cuando sus palabras parecían no tener demasiado sentido.
Su imagen era inconfundible: un trozo de tela que llamaba “gabardina” colgado al hombro, un sombrero viejo y gastado, y un bigote ralo que dejaba crecer en los costados.
Aquella apariencia se volvió inolvidable para generaciones enteras, y era justamente lo que sus colegas y admiradores esperaban encontrar al verlo fuera de escena.
Sin embargo, muchos quedaron decepcionados: detrás del álter ego se encontraba un hombre descrito como frío, altanero y poco afable, de acuerdo con diversos testimonios.
Una de las voces más críticas fue la de la escritora mexicana Guadalupe Loaeza, quien en entrevista con BBC Mundo afirmó: “Mundanamente no era simpático, era desagradable. Mario Moreno era un personaje muy siniestro, con una ambigüedad muy evidente. Sus colegas no lo querían”.
A ello se suma su estrecha relación con la política. Varios críticos lo señalaron como “el títere de los militares”.
El periodista Luis Guillermo Hernández recordó en la revista Eme Equis que Moreno fue consejero de Gustavo Díaz Ordaz, presidente ligado a la matanza de estudiantes del 2 de octubre de 1968.
Fue criticado por ser promotor del Partido Revolucionario Institucional (PRI), considerado durante años el brazo de control político en México.
Por si fuera poco, una investigación de SensaCine reveló que el nombre de Mario Moreno aparece en documentos oficiales donde figura como propietario de extensos terrenos.
Se le acusó de haberse apropiado de tierras pertenecientes a pueblos originarios de Nezahualcóyotl y de la zona oriental del lago de Texcoco, que legalmente eran terrenos del Estado.
El gobierno de aquella época manejó el asunto con discreción antes de que se convirtiera en un escándalo público.

