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POR ESO SOMOS GRANDES


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Martes 11 de noviembre de 2025

Han pasado más de 24 horas desde que Kevin Mier, portero de Cruz Azul, saliera lesionado tras una entrada criminal del panameño Adalberto Carrasquilla.

Mucho se ha hablado del resultado del partido, pero poco de cómo fue condicionado por la presencia del dorsal 28 del equipo universitario. Y no precisamente por su talento, sino por su falta de control y criterio.

La reacción de ambas aficiones deja claro los valores que cada club transmite. Mientras unos entienden el respeto por el rival, otros celebran la desgracia ajena como si fuera un logro deportivo.

Lo más triste es ver cómo la doble moral del aficionado mexicano promedio vuelve a aparecer: cuando José Juan Macías salió lesionado tras una jugada desafortunada en la que participó Paradela, la afición cementera se solidarizó sin dudar. Nadie deseó algo así a un rival. Hoy, los papeles se invierten, y la empatía desaparece.

Lo de Carrasquilla no fue un “choque de partido”. Fue una entrada desmedida, innecesaria y sin intención de disputar el balón. Un jugador de una selección que apenas aspira a asistir a un Mundial, arremetiendo con fuerza irracional contra un joven guardameta que ya tenía en sus manos un boleto a la fiesta grande del fútbol.

Esa falta, sumada al exceso de confianza del equipo, desencadenó una serie de errores que el rival aprovechó.

Sí, ganaron. Pero lo hicieron bajo circunstancias que difícilmente volverán a repetirse.

Y si algo faltaba para completar el cuadro, fue la hipocresía posterior: Carrasquilla, en un intento torpe de limpiar su imagen, lanza una disculpa fingida, mientras su técnico —con su ya conocido desparpajo— minimiza el incidente diciendo: “Es fútbol, dejemos de joder”. Como si lesionar a un compañero de profesión fuera algo digno de aplaudir.

Pero lo más preocupante no es la falta, ni el técnico, sino su afición. Esa que durante todo el torneo ha pedido la cabeza de su entrenador, ahora lo defiende y justifica lo injustificable.

¿De verdad aplauden una acción que le va a costar meses de carrera a un rival? ¿Ese es el tipo de valores que quieren representar?

La diferencia entre ellos y nosotros es abismal. En Cruz Azul no aplaudimos esa clase de acciones, ni siquiera cuando llegan a presentarse por errores propios.

Sabemos reconocer lo que está mal, aunque venga de los nuestros. Y si ni la llamada “máxima casa de estudios” ha podido enseñarles principios, mucho menos lo hará un entrenador sin rumbo.

Nosotros seguiremos mirando al frente, con el boleto directo a liguilla en la mano y un torneo internacional por disputar.

Que el tiempo haga lo suyo, porque tarde o temprano, a cada quien le llega el resultado que merece.

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