La peor herencia del sexenio que termina


Lunes 9 de septiembre de 2024
La polarización social es lo peor. Obnubila la percepción pública generando una óptica maniquea del acontecer cotidiano, que no ayuda en lo absoluto.
Para unos, las cosas son del negro más completo, para otros, los sucesos se tiñen de blancura total. No hay puntos medios, todo son extremos y esto es sumamente peligroso.
Todos sabemos que en la escala cromática nada es totalmente luminoso u obscuro. Existe una inmensa cantidad de diferentes tonos de gris, que como diría Campoamor, confirman que todo es según el color del cristal con que se mira.
En semejante orden de ideas, es obligado decir que la peor de las herencias que nos lega el lopezobradorismo es la polarización social.
Hay muchos otros legados tóxicos que nos deja el hombre de la Chontalpa, tras su sexenio fallido, pero serán materia de análisis en ocasiones ulteriores. Hoy por hoy, abordaremos el conflicto social en que deja sumido a México.
Con su prédica de odio, saturada de deseos de revancha social, que revelan sus traumas y complejos, López Obrador dividió la patria en chairos y fifís. Entelequias totalmente contrapuestas e irreconciliables.
De tal suerte, los chairos, sus seguidores, encarnan al pueblo bueno y sabio y sus adversarios, los conservadores, significan la explotación y el abuso, personificando a los enemigos de la patria.
Así, López Obrador se aseguró de volar todos los puentes, de nulificar todas las posibilidades de diálogo entre los adversarios, situación más que conveniente para sus objetivos de control social y ejercicio del poder.
De modo que la polarización social es el principal obstáculo a vencer de parte de la próxima administración (federal y estatal) y el riesgo primordial a superar, para lograr una atmósfera de concordia en dichos niveles.
Hacemos votos porque los titulares de los distintos estratos gubernamentales hagan gala de la sensibilidad y mesura indispensables para propiciar el diálogo y la concertación.
Recordemos a propósito de la próxima discusión de las reformas al poder judicial, que pensar diferente no es un acto de traición a la patria. Es simplemente muestra de la diversidad de opiniones que prevalece en un país plural e inequitativo por definición, que tiene la necesidad imperiosa de encontrar cauces y caminos de entendimiento.
No nos dejemos manipular por el vértigo de las emociones, consecuencia de los sucesos por venir. Recordemos que todos somos mexicanos y que equivocados o certeros, todos somos importantes en el inmenso crisol que es nuestra patria.
Que la mente desquiciada de un desequilibrado no lleve la sangre al río. En estos y en todos los momentos, es lo que México menos necesita.
Seguimos pendientes…
Dios, Patria y Libertad
