Religión

María, reina de los mártires

Spread the love

Miércoles 29 de noviembre de 2023

María no sólo fue reina de los mártires porque su martirio fue el más prolongado de todos, sino también porque entre todos fue el mayor.

¿Quién puede medir la grandeza de su dolor? Jeremías parece que no encuentra a quién comparar esta madre dolorosa al contemplar su sufrimiento por la muerte de su hijo, y dice: “¿Con quién te compararé? ¿A quién te asemejaré, hija de Jerusalén?… Grande como el mar es tu tribulación. ¿Quién se compadecerá de ti?” (Lm 2, 13).

El cardenal Hugo, comentando estas palabras, dice: Oh Virgen bendita, como la amargura del mar supera a todas las demás almas, así tu dolor supera todos los demás dolores.

Por eso san Anselmo asegura que si Dios, con un milagro muy especial, no hubiera conservado a María la vida, su dolor hubiera sido suficiente para causarle la muerte en cualquier momento de su vida.

San Bernardino de Siena llega a decir que el dolor de María fue tan grande, que si se repartiera entre todos los hombres bastaría para que todos ellos murieran de repente.

Pero consideremos las razones por las que el martirio de María fue más grande que el de todos los mártires.

En primer lugar, se ha de considerar que los mártires han padecido su martirio en el cuerpo por medio de la espada o del fuego. María, en cambio, sufrió su martirio en el alma, como ya se lo predijo Simeón: “Y una espada de dolor atravesará tu alma” (Lc 2, 35). Como si el santo anciano le hubiera dicho: “Oh Virgen sacrosanta, los otros mártires verán lacerado su cuerpo con la espada, pero tú serás martirizada en el alma con la pasión de tu mismo Hijo”.

Y como el alma es más noble que el cuerpo, tanto más grande fue el dolor de María que el de todos los mártires. Así lo dijo Jesucristo a santa Catalina de Siena: No hay comparación entre el dolor del cuerpo y el del alma.

El santo abad Arnoldo de Chartres dice que quien se hubiera encontrado en el Calvario contemplando el gran sacrificio del Cordero inmaculado cuando moría en la cruz, hubiera visto allí dos altares: uno en el del cuerpo de Jesús y el otro en el corazón de María, donde al mismo tiempo que su Hijo sacrificaba su cuerpo con la muerte, María sacrificaba su alma con la compasión.

Deja una respuesta