Garibaldi y sus significados


Lunes 26 de enero de 2026
Cuando escuchamos la palabra Garibaldi en México, casi siempre pensamos en dos cosas: en los mariachis del Centro Histórico y en el pan dulce cubierto de azúcar.
Pero ese nombre no nació aquí. Viene de Italia y de uno de los personajes políticos más influyentes del siglo XIX: Giuseppe Garibaldi, líder de la unificación italiana y símbolo mundial del liberalismo.
La conexión directa con México llegó con su nieto, José “Peppino” Garibaldi, quien arribó al país en 1911 y se unió a la Revolución Mexicana al lado de Francisco I. Madero. Participó en combates contra el régimen de Porfirio Díaz y se integró al movimiento maderista como militar extranjero. Su presencia fue tan relevante que, tras el triunfo revolucionario, el gobierno decidió rendirle homenaje.
En 1921, durante los festejos del primer centenario de la Independencia, la antigua Plazuela del Baratillo fue rebautizada oficialmente como Plaza Garibaldi, en honor a Peppino.
Con el paso de los años, ese espacio se convirtió en el principal punto de reunión de mariachis, tríos y músicos populares, sobre todo a partir de los años veinte con sitios como el Salón Tenampa.
Desde entonces, Garibaldi quedó asociado para siempre con la música mexicana.
Mientras eso ocurría en las calles, en los hornos también se consolidaba el apellido. En la panadería El Globo, fundada en 1884 por la familia Tenconi, el confitero italiano Giovanni Laposse creó a finales del siglo XIX un pequeño pastel cubierto de mermelada y gragea blanca. Lo llamó Garibaldi como homenaje al héroe italiano, aprovechando que el apellido ya tenía prestigio político y cultural.
Así, en pocas décadas, el mismo nombre terminó conectado a tres mundos distintos: un revolucionario europeo del siglo XIX, un combatiente de la Revolución Mexicana, una plaza llena de mariachis y un pan que sigue vendiéndose todos los días.
Garibaldi no es solo un lugar ni un postre: es una historia transnacional incrustada en la vida cotidiana de la Ciudad de México.
