La historia de San Francisco Javier y el cangrejo


Sábado 6 de diciembre de 2025
En 1546, San Francisco Javier viajaba por mar hacia Malaca (en la actual Malasia).
Lo que comenzó como un viaje tranquilo pronto se convirtió en una pesadilla.
Oscuras nubes aparecieron, el viento rugió y enormes olas golpeaban la nave.
Los marineros se aferraban a cualquier cosa que pudieran, convencidos de que la tormenta los engulliría por completo.
Mientras las olas rugían, Francisco Javier, en un acto de fe y oración, tomó su crucifijo y lo sumergió en el mar, pidiendo a Dios que lo usara como instrumento para calmar las aguas turbulentas.
La tormenta termina
Casi al instante, el viento empezó a amainar. Las enormes olas fueron bajando como si una mano invisible las hubiera apaciguado.
En cuestión de minutos, el mar quedó en calma—tan en calma que parecía un espejo extendiéndose hasta el horizonte.
Pero en aquel momento de alivio, Francisco se dio cuenta de algo doloroso: el crucifijo se le había resbalado de las manos y había desaparecido en las profundidades.
La tormenta había terminado, pero el santo sentía una profunda tristeza por perder la cruz que tanto apreciaba.
El milagro del cangrejo
A la mañana siguiente, después de llegar a tierra, Francisco Javier caminó solo hacia la orilla para orar.
El sol estaba saliendo, iluminando suavemente el agua.
Mientras se arrodillaba en silencio, algo pequeño brilló cerca de la superficie del mar.
Un cangrejo emergió lentamente del agua, con su caparazón reluciendo bajo la luz de la mañana.
Y sujetado firmemente en una de sus pinzas estaba el crucifijo perdido.
La pequeña criatura avanzó directamente hacia el santo y se detuvo a sus pies, como si presentara la preciosa cruz con reverencia.
Una bendición recordada
Profundamente conmovido, Francisco Javier tomó la cruz y bendijo al humilde cangrejo.
Según la tradición, desde aquel día, una especie de cangrejo de la región — Charybdis feriata — lleva una marca natural en su caparazón que se asemeja a una cruz, como recordatorio del milagro y de la fe del santo.
