Opinión

Las cosas como son


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Lunes 11 de noviembre de 2024

El día de ayer Jorge Carlos Ramírez Marín tuvo una reunión de carácter político a la que fue convocado. En ella, se sumaron a su causa más de 300 personas, insatisfechas con la situación que vivían en su partido.

Contra lo que muchos pensarían, no voy a hacer un comentario político. Las preferencias partidistas particulares son un tema de carácter personal, muy respetable.

No, reitero, esta vez no voy a hablar en mi carácter de director de un medio de comunicación, ni mucho menos como presunto analista político, que es un título que no me arrogo de manera arbitraria, dejando a cada uno de mis cuatro lectores, como diría el inmenso Armando Fuentes Aguirre, determinar mi condición.

En esta oportunidad, hablaré como amigo, en defensa de alguien, que no lo requiere, porque tiene sobrada capacidad para defenderse por si solo, pero a quien por la estima que le tengo, no puedo dejar de dar la cara por Él.

Y lo hago, porque algunas voces malintencionadas, con aviesos propósitos, pletóricos de envidia, con esa perfidia con que la mediocridad obsequia al talento, pretenden manchar su buen nombre.

Retomando el hilo de los acontecimientos: ayer por la tarde, tras sostener una reunión, el Senador por el PVEM, Jorge Carlos Ramírez Marín protagonizó un desafortunado incidente de tránsito.

Me consta que Jorge Carlos es un hombre que vive a las carreras, merced a su abigarrada agenda. Empero, si algo lo caracteriza es que siempre atiende todos sus compromisos, a veces no con la puntualidad que él mismo deseara, pero nunca deja de cumplirle a aquellos con los que se compromete a atender.

Sin duda alguna las prisas por llegar a otra actividad pactada, el cansancio, el calor o el deseo natural de regresar a casa (porque me consta que Jorge Carlos es un hombre de familia, esposo responsable y cariñoso y padre ejemplar) contribuyeron al lamentable percance.

No obstante el inexcusable descuido (porque quienes conducimos estamos obligados a cumplir las leyes de tránsito), el incidente no tuvo consecuencias fatales. Hubo un lesionado, en efecto, pero el conductor responsable nunca se dio a la fuga y se hizo cargo de lo sucedido.

A mayor abundamiento, solo un poco de tiempo después, el legislador a través de sus redes sociales reconoció su responsabilidad y ratificó que se haría cargo de la totalidad de los gastos que surgieran, como es correcto suponer, hasta el total restablecimiento del afectado y a su entera satisfacción.

Estamos seguros que la persona que sufrió el percance, terminará subyugada por la simpatía del legislador del verde y concluido todo, será uno más de sus simpatizantes, porque tengo la plena seguridad que Jorge Carlos sabrá portarse a la altura.

Jorge Carlos Ramírez Marín es mi amigo. Es un hombre de bien, de buenos sentimientos, culto y responsable. Debo recordar a quienes pretenden inducir la maledicencia, que es un extraordinario amigo y un ser humano de polendas.

Recordemos que en ocasión de un atentado que sufrió un conocido comediante local, fue Jorge Carlos quien puso DE MANERA ILIMITADA Y SIN RESTRICCIÓN ALGUNA, su tarjeta de crédito como garantía de la atención y el tratamiento del artista y esto, amigos y señores, no lo hacen muchas veces, ni los mismos familiares.

Asimismo, me permito también traer a colación que años atrás, en ocasión de una protesta que activistas vallisoletanos simpatizantes del blanquiazul realizaban contra correligionarios políticos de Ramírez Marín, cuando los mismos legisladores panistas les dieron la espalda a sus mismos cofrades, fue Jorge Carlos quien de manera desinteresada, por el simple hecho de tratarse de paisanos que lo necesitaban, les brindó su apoyo (que no les dieron sus mismos compañeros panistas) proporcionándoles alimentos y recursos para regresar a sus hogares.

Pido a MIGUEL PAT XULUC, cuya calidad moral como panista y como persona bien nacida está fuera de toda duda, que me desmienta si falto a la verdad.

No se equivoquen miserables, Jorge Carlos Ramírez Marín no es un rufián, no es un mentecato, no es un bribón, ni un pelafustán.

Puede ser criticable para algunos por su quehacer político, pero esa es harina de otro costal. Doy fe como amigo suyo de su calidad humana y de que es un hombre de bien, a carta cabal.

Intentar manipular estos desafortunados sucesos, en los que cualquiera podemos vernos involucrados, es muestra no solo de perversidad, sino de la baja cuna y el oscuro origen del que provienen quienes lo intentan.

Pero por fortuna, siempre tendrá Jorge Carlos amigos que salten a la palestra, para defender su buen nombre y para decir las cosas como son.

Seguimos pendientes…

Guillermo de Jesús Barrera Fernández

Dios, Patria y Libertad

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