La batalla por nuestra fe y tradiciones, pospuesta


Los sicarios de la toga pospusieron definir lo relativo a prohibir los nacimientos.
Taimados, alevosos, con dos caras, ni siquiera tuvieron arrestos para enfrentar al pueblo y postergaron su decisión, en espera de algún distractor que les pueda servir para tender una cortina de humo.
No faltaron entre los católicos mexicanos quienes festejaron lo sucedido, como si se tratara de una victoria.
Lamento jugar el papel de aguafiestas, pero es menester informarles que no hay nada que festejar.
El peligro proveniente de ese hatajo de gandules que encabeza el lelo Arturo, persiste y no descansarán hasta hacer de las suyas.
Lo hemos dicho antes: los ministros de la corte, en vez de constituirse en garantes de los derechos y garantías individuales de los mexicanos, se han constituido en sus peores enemigos, legislando de manera indebida, a favor de los peores disparates y afrentas contra la sensibilidad y los más caros valores del pueblo.
Los ministros han exhibido su deficiente preparación jurídica, su nulo concepto de moral y su perfil completamente ideologizado, totalmente parcial a los antivalores que hoy campean en el mundo, como moros sin señor.
Cabe precisar que los cabecillas de la descristianización de México, promovida desde las logias masónicas y los membretes al servicio del nuevo orden mundial, echan mano de cuantos recursos disponen en su arsenal, para distraer la atención colectiva.
Y en el magín de marullerías hay de todo: desde los eventos deportivos de toda naturaleza, hasta las presuntas causas de defensa de la civilidad y/o la democracia. De manera tal, que no pueden ni deben tomarnos dormidos, como ocurrió con el aborto.
Porque es obvio que las cosas no van a quedar de este tamaño y si-Dios no lo quiera,ni permita-los enemigos de la fe se salen con la suya, no van a detenerse con los nacimientos, se van a seguir de largo con las peregrinaciones, hasta acabar por la prohibición de las ceremonias de culto.
No olvidemos que este asunto, la prohibición de la celebración de las misas y ceremonias de culto público y fervor popular, esta previsto y profetizado, con el nombre de la abominación de la desolación.
Solo que, penosamente la abominación desoladora, es algo que la Iglesia Católica (secuestrada por los modernistas) contempla como algo muy remoto y lejano, casi improbable. Pues no, lo tenemos a la vuelta de la esquina, al paso que vamos.
Solo que lo que algo que quizá no han tomado en consideración es que quedamos quienes estamos dispuestos a oponernos y a defender nuestra fe a precio de sangre y a costa de nuestra misma vida.
Así que a velar, a mantenerse vigilantes, fuertes y fieles para defender nuestra fe, nuestros valores y nuestras más caras tradiciones.
No prevalecerán (non praevalebunt)
Seguimos pendientes…
Dios, Patria y Libertad
