Sociedad

Mujeres caen en secta feminista de Cancún: ¡les cobraban hasta por respirar!

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Viernes 6 de noviembre de 2026

Ya son varias mujeres las que advierten en redes sociales de un grupo que opera como secta feminista en Cancún: atrapan a recién llegadas con promesas de una comunidad libre de violencia, integrada solo por mujeres, cuando la realidad es que las manipulan para explotarlas y quitarles su dinero.

Una de las afectadas identificada en redes sociales como Maf00784, explicó que «Pandora», la líder y dueña de CasAmar Cancún, le ofreció un espacio «seguro y sororo» en su comunidad, aprovechando su vulnerabilidad al tener pocos días en una ciudad desconocida para ella.

“Me presionaron para mudarme con ellas y se terminó el cuento feliz: me cobraban doble renta, el espacio era pequeño, dormía en un catre, pagaba hasta dos mil pesos por usar la lavadora y siempre debía cooperar con dinero para las actividades, aunque no las uses y no valieran la pena para el costo”, señala Maf.

Citó que varias mujeres le advirtieron para que se salga, pero la propietaria del lugar usaba el engaño y las amenazas para evitar el escape.

El último día de su estancia decidió huir, cuando por una diferencia con la dueña, descubrió que “alguien” había orinado sus cosas encima de la cama.

Maf y otras usuarias advirtieron a otras mujeres de no caer en esta estafa y secta.

La trampa de la «Sororidad»: El caso CasAmar y el negocio feminista de las falsas comunidades seguras

El reciente escándalo en torno al proyecto CasAmar Cancún ha puesto sobre la mesa una realidad incómoda pero cada vez más evidente: cómo ciertas estructuras ideológicas y discursos de protección colectiva feminista son utilizados como la fachada perfecta para el lucro personal, la manipulación psicológica y la explotación de mujeres vulnerables.

Lo que inicialmente se mercadeó en redes sociales como una «resistencia amorosa con raíces feministas y ecologistas», terminó revelando dinámicas que las propias víctimas señalan como las de una secta coercitiva.

Este caso, expuesto de manera masiva en plataformas digitales por usuarias como Maf (maf00784), demuestra cómo la retórica de la «sororidad» (solidaridad entre mujeres) se convierte en un anzuelo eficaz para captar a jóvenes foráneas o recién llegadas a una ciudad desconocida, desarmando sus mecanismos naturales de alerta bajo la promesa de un espacio libre de violenc¡a machista.

Sin embargo, al cruzar la puerta, el idealismo feminista daba paso a un crudo esquema de abuso y control.

Datos clave y modus operandi denunciado por las víctimas

  1. Captación basada en la vulnerabilidad: El colectivo CasAmar, liderado por una mujer conocida públicamente como Pandora, utilizaba entornos universitarios y plataformas digitales para detectar a mujeres jóvenes con pocos días de haber llegado a Cancún y sin redes de apoyo locales. Mediante presión psicológica, las convencían de mudarse de inmediato a su comunidad.
  2. Esquema financiero y hacinamiento: Una vez aisladas en el inmueble, la realidad difería por completo de las promesas de bienestar. Las residentes reportaron condiciones de hacinamiento severo, durmiendo en catres dentro de espacios minúsculos. A esto se sumaban cobros desproporcionados y arbitrarios que incluían:
  • El pago de dobles rentas sin justificación legal.
  • Tarifas exorbitantes por el uso de servicios básicos, como el cobro de $2,000 pesos por utilizar la lavadora.
  • Cuotas monetarias obligatorias para el sostenimiento de actividades colectivas, independientemente de si las inquilinas participaban en ellas o no.
  1. Explotación laboral sin remuneración: Conforme el control aumentaba, algunas residentes eran integradas a la estructura operativa de CasAmar. Testimonios documentados señalan que se les obligaba a cumplir jornadas laborales completas atendiendo redes, mensajes y controlando horarios de la casa, todo bajo un estricto control psicológico y sin recibir un salario fijo o prestaciones de ley.
  2. Coerción y represalias extremas: El abandono de la comunidad no era sencillo. La propietaria utilizaba el engaño, los insultos y las amenazas de desalojo para sembrar miedo. La gravedad de las dinámicas de hostigamiento quedó en evidencia cuando la usuaria Maf denunció que, tras decidir huir debido a fricciones con la dueña, descubrió que sus pertenencias y su cama habían sido vandalizadas con orina como un acto final de intimidación.

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